El primero en ingresar a la habitación de terapia intensiva fue Massimo, sus ojos acuosos miraban la cama donde estaba acostada su amada hija, sondas en su cuerpo y el respirador sonaba con cada inhalación y exhalación de sus pulmones, el sonido característico del medidor del pulso se escuchaba allí dentro. Jaló una silla para sentarse junto a ella, tomó la mano delicada de su hija para sostenerla mientras hablaba —Mi amor, tu imprudencia, casi te cuesta la vida, si hubiese estado junto a ti, quizá, solo quizá te cuidaba mejor Sus lágrimas mojaban sus mejillas, allá afuera estaba asustado, temía perderla como perdió a su esposa. Esa dolorosa sensación hacía temblar su cuerpo, la observaba respirar, sus párpados moverse muy despacio, sin embargo, ya estaba fuera de peligro, los doctores l

