Max Llegué a mi lugar de trabajo, mi estudio de fotografía, y Sasha ya me esperaba, recostada contra las puertas, y una gran sonrisa en su rostro. —Hola, hermoso —saludó coqueta. —Hola Sasha —devolví el saludo a mi amiga. Pasé a su lado y abrí las puertas del lugar. Suspiré audiblemente al ver todas las cortinas y parabanes que habían quedado agrupados en una esquina, junto a las lámparas y los focos de luz intensa. Desde la última sesión de fotografías, no había tenido tiempo de venir a organizar el lugar. —Necesitas una mano aquí. Deberías de buscarte un ayudante —aconsejó Sasha, mirando el desastre igual que yo. No era mala idea buscar un ayudante, lo tendré presente. —Voy a extrañar este lugar. Tantas cosas que hemos hecho juntos. Me hiciste confiar en mí una vez más, Max. No ama

