Viernes Julieta —Jul, por favor, necesitas comer. —Alana se encontraba de pie a mi lado, ambas en la habitación de mi abuela. Yo sostenía su mano fijamente y no separaba los ojos de su pecho, necesitaba saber que estaba respirando aún, comprobarlo por mí misma. No confiaba en ese aparato que no paraba de sonar, arrojando el sonido de sus pulsaciones al aire. —No Alana, no tengo hambre —respondí por quinta vez. —Julieta, sé que esta situación es jodida y nos tiene a todos con el alma en un hilo, pero ahora debes pensar también en tu bebé. Ya no eres solo tú para alimentarte o llevar un descontrol alimenticio. Tu bebé necesita comida, proteínas y vitaminas, ¿bien? —Regañó sentándose a mi lado. Puso en mis manos un termo con sopa de pollo, y una cuchara en mi mano izquierda. —Vamos, c

