Capítulo 31: Planes en la sombra

1610 Palabras
En la mansión Lombardi, el sol de la tarde se filtraba a través de las cortinas de seda en el salón principal, proyectando patrones dorados sobre el suelo de mármol. Habían pasado varias semanas desde que Alice había puesto en marcha su plan más oscuro. Vanessa estaba sentada en un sofá de terciopelo, con una taza de té en las manos, observando a su amiga con una mezcla de preocupación y curiosidad. Alice, reclinada en un sillón opuesto, tenía una mano sobre su vientre, que aún no mostraba signos evidentes de cambio, pero que para ella ya era el centro de su venganza. —Vanessa, no puedes imaginar lo que se siente —dijo Alice, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Cada mañana me despierto y pienso: esto es real. El bebé está creciendo dentro de mí, y pronto será la bomba que destruya todo lo que Tyler y esa pelirroja han construido. Imagínate su cara cuando se enteren. Tyler creerá que es suyo, y April... oh, April se romperá en pedazos. Vanessa dejó la taza en la mesita con un tintineo suave, frunciendo el ceño. —Alice, hemos hablado de esto mil veces. ¿Estás segura de que esto no te va a explotar en la cara? Han pasado semanas, y aún no has dado el paso para contárselo a nadie. ¿Qué pasa si tu padre se entera antes? Armando es protector hasta la obsesión. Si descubre que contrataste a un desconocido para esto... Dios, podría desatar una tormenta. Y Tyler... sabes que no es un hombre cualquiera. Es el jefe de un cartel. ¿Crees que no investigará? Alice se incorporó un poco, su expresión endureciéndose. —Precisamente por eso es perfecto. Tyler es inteligente, pero su debilidad es el orgullo y el control. Cuando le diga que estoy embarazada de él, dudará al principio, pero luego lo aceptará porque encaja con su ego. Recordará esa noche en la discoteca, antes de que todo se complicara. Y April... ella siempre ha sido la ingenua. Se sentirá traicionada, abandonada. Imagina: yo apareciendo con un ultrasonido, lágrimas en los ojos, diciendo que el bebé es el resultado de un "error" que Tyler cometió. Ella lo dejará, y él quedará solo, roto, justo como yo me sentí cuando me rechazó por ella. Vanessa suspiró, cruzando las piernas y mirando por la ventana hacia los jardines impecables. —Suena como un plan sacado de una telenovela, Alice. Pero la realidad es más sucia. ¿Y si Tyler exige una prueba de paternidad? ¿O si April no se rinde tan fácil? Han estado inseparables últimamente, según Ricardo. Están en ese departamento en Los Ángeles, actuando como si el mundo no existiera. ¿No te preocupa que su amor sea más fuerte de lo que piensas? Alice soltó una risa amarga, poniéndose de pie y caminando hacia la ventana, donde el sol iluminaba su rostro pálido. —Amor... qué palabra tan patética. Lo que ellos tienen no es amor; es una ilusión. Tyler es un mafioso, Vanessa. Vive en las sombras, y tarde o temprano, eso la destruirá a ella. Mi plan solo acelera el proceso. He calculado todo: en unas semanas más, cuando el embarazo sea visible, iré a Los Ángeles. Le enviaré un mensaje a Tyler, algo sutil, como "Necesito verte, es sobre algo que nos une para siempre". Él vendrá, curioso. Y cuando le muestre la evidencia... boom. April se irá, y yo... yo tendré mi venganza. No solo contra ella, sino contra él por elegirla. Vanessa se levantó también, acercándose a Alice y poniéndole una mano en el hombro. —Estás jugando con fuego, amiga. Recuerda lo que pasó con tu falso embarazo la primera vez. Casi te cuesta todo. Y ahora esto es real. Un bebé de verdad. ¿Qué harás después? ¿Criar al niño sola? ¿Mentirle a tu familia? Armando te matará si se entera de la verdad. Alice se giró, sus ojos brillando con una determinación fría. —Mi familia creerá lo que yo les diga. Diré que fue un error con un ex, alguien anónimo. Armando querrá cazar al padre, pero lo mantendré vago. Y el bebé... será mi trofeo. Una vida que me debe Tyler, aunque no sea biológicamente suya. Es poético, ¿no? Destruir su felicidad con algo que simboliza lo que nunca me dio. Vanessa, confía en mí. Esta vez, no fallaré. He esperado demasiado, y el dolor que me causaron no se borra con el tiempo. Se paga con sangre... o en este caso, con lágrimas. Vanessa asintió lentamente, aunque la duda seguía en su mirada. —Está bien, Alice. Solo... prométeme que si algo sale mal, me llamarás. No quiero que termines sola en esto. Alice abrazó a su amiga brevemente, pero su mente ya estaba en otro lugar, planeando el golpe final. Mientras tanto, en el departamento de Tyler en Los Ángeles, el aire estaba cargado de un aroma a café fresco y risas compartidas. Habían pasado semanas desde que April se había mudado definitivamente, y su vida juntos se sentía como una luna de miel eterna, ajena al caos que se gestaba en otras partes. El departamento, ahora decorado con toques personales de April —fotos en marcos, cojines coloridos y plantas en cada esquina—, era su refugio. Tyler, sentado en la mesa de la cocina con su laptop abierta, revisaba informes mientras April preparaba el desayuno. —Amor, ¿quieres huevos revueltos o fritos hoy? —preguntó April, revolviendo una sartén con una sonrisa radiante, su cabello rojo cayendo en ondas sobre sus hombros. Tyler levantó la vista de la pantalla, donde monitoreaba las ventas de su "negocio legítimo": una agencia de autos de lujo llamada Elite Motors, ubicada en el corazón de Beverly Hills. Era la fachada perfecta para lavar el dinero de la droga que comercializaba en puntos específicos de la ciudad —un club nocturno en Hollywood, un garaje en el centro y un muelle discreto en Long Beach. —Revueltos, como siempre. Pero ven aquí primero —dijo él, extendiendo la mano—. No puedo concentrarme con esa vista tuya en pijama. Eres una distracción mortal. April rio, dejando la sartén y acercándose para sentarse en su regazo. Lo besó suavemente, sus labios demorándose. —Bien, señor mafioso. ¿Qué estás tramando hoy? ¿Más autos de lujo o... lo otro? Tyler suspiró, rodeándola con los brazos y apoyando la barbilla en su hombro. —Lo otro, como lo llamas tú. Tengo que coordinar una entrega esta noche en el muelle. Es cocaína pura, traída de México. Los puntos están listos: el club en Hollywood para los clientes VIP, el garaje para los distribuidores locales. Pero no te preocupes, amor. Todo está bajo control. Y para disimular, acabo de cerrar una venta en la agencia: un Lamborghini Aventador por medio millón. Eso lava el dinero sin problemas. Además, el hotel... el Grand Luxe, mi joya de cinco estrellas en el centro. Reservas llenas esta semana. Nadie sospecha que las suites VIP sirven para reuniones discretas. April frunció el ceño ligeramente, pero no con miedo, sino con una preocupación amorosa. —Sé que lo tienes todo planeado, Tyler. Pero a veces me asusta. Ya sé que Rubén Darío está muerto, que terminaste con él en Colombia... pero aún así, ¿y si algo sale mal con estos negocios? Él la apretó más contra sí, besando su cuello. —Ya no hay nadie que nos haga daño, amor. Rubén está fuera del camino, y Mauricio sigue cuidando de todo en República Dominicana. Por ahora, estoy aquí contigo. Esta vida... la agencia me da la excusa para moverme por la ciudad sin levantar sospechas. "Tyler Black, el empresario exitoso de autos exóticos". Y el hotel es genial: piscinas infinitas, spas, restaurantes gourmet. Es donde lavo la mayor parte del dinero. Facturas falsas por "eventos privados". Pero lo mejor es que puedo delegar. Hoy, por ejemplo, me quedo contigo. Nada de salidas riesgosas. April se giró en su regazo, mirándolo a los ojos con una intensidad que lo hacía derretir. —Prométeme que no me dejarás sola de nuevo. Estas semanas han sido perfectas: cocinar juntos, ver películas hasta tarde, decorar este lugar como nuestro nido. Siento que por fin somos solo nosotros, sin Alice, sin traiciones. ¿Sabes? Ayer limpié el armario y encontré esa foto tuya de niño. Eras tan lindo, con esa sonrisa traviesa. Quiero eso para nosotros: una vida normal, aunque sea con tus "negocios". Tyler rio, besándola de nuevo, esta vez con más pasión. —Normal... ¿con un hotel de lujo y autos que cuestan fortunas? Amor, eso es lo que te ofrezco. Delegué la comercialización: mis hombres en los puntos específicos se encargan de todo. Yo solo superviso desde aquí. El muelle para importaciones, el club para ventas rápidas, el garaje para almacenamiento. Todo encriptado en esta laptop. Y el hotel... ayer firmé un contrato para expandirlo. Más suites, más dinero limpio. Pero lo importante eres tú. Estas semanas me has hecho darme cuenta de que no quiero perderte por nada. Ella lo besó profundamente, sus manos enredándose en su cabello. —Entonces quédate. Olvídate de todo por un rato. Hagamos planes: ¿un viaje? ¿O solo quedarnos aquí, en nuestra burbuja? Tyler la levantó en brazos, llevándola hacia el sofá. —Burbuja suena bien. Pero primero, terminemos el desayuno... o no. Prefiero desayunarte a ti. Rieron juntos, cayendo en el sofá en un enredo de besos y caricias, su amor intensificándose en la intimidad del momento, ajenos a las sombras que se cernían desde la mansión Lombardi.
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