(Primera persona – April)
El taxi se detuvo frente a la casa de la abuela con un chirrido de frenos que pareció gritar por mí. Bajé temblando, con la maleta pequeña en una mano y el teléfono aún caliente en la otra por los mensajes y fotos que Alice me había enviado. Las lágrimas no paraban; me corrían por la cara como si alguien hubiera abierto una llave que no podía cerrar. Golpeé la puerta con fuerza, no toqué el timbre. Golpeé como si quisiera romperla.
La abuela Mónica abrió casi de inmediato, todavía con la bata de casa y el cabello recogido en un moño desordenado. Iba a salir al negocio, pero se quedó helada al verme.
—April… Dios mío, ¿qué te pasó, mija?
Entré como una tormenta, dejando caer la maleta en el pasillo. Grité sin poder contenerme:
—¡Todo se fue a la mierda, abuela! ¡Todo!
Ricardo salió de su habitación corriendo, en pijama, el cabello revuelto y los ojos abiertos de par en par. Se había tirado de la cama al oír mis gritos.
—¿April? ¿Qué demonios…?
Me giré hacia él, el pecho subiendo y bajando rápido.
—Alice… está embarazada. De Tyler. Me mandó fotos. Fotos de él con ella. Desnudos. En un hotel. Hace un mes. La noche que desapareció seis horas y me mintió. Dice que él la drogó o que estaba borracho, pero las fotos están ahí. ¡Están ahí, Ricardo! Y él no me dijo nada. Nada.
La abuela Mónica se llevó la mano al pecho, como si le hubieran dado un golpe.
—Yo sabía… yo sabía que ese delincuente no era para ti. Te lo dije desde el principio. Un hombre como él, metido en drogas, en carteles… te iba a romper el corazón. Y mira, lo hizo.
Ricardo se quedó quieto en el umbral de su habitación, pálido, sin decir una palabra. La abuela lo miró de reojo y soltó un bufido de desprecio.
—Y tú, Ricardo… ¿tú no estabas saliendo con esa mujerzuela de Alice? ¿Esa misma basura que ahora le destroza la vida a tu sobrina? ¿Con esa que juega con todos?
Ricardo abrió la boca, pero no salió sonido. Se quedó en shock, los ojos fijos en el suelo.
La abuela negó con la cabeza, decepcionada hasta los huesos.
—Ay, Dios… qué familia. Qué desastre.
Se dio la vuelta y se fue a la cocina, murmurando para sí misma mientras ponía la tetera en la estufa.
—Voy a preparar un té para April. Necesita calmarse. Y tú, Ricardo, ve a vestirte. Esto no se arregla durmiendo.
Me quedé sola con mi tío en el pasillo. Lo miré directo a los ojos, la rabia mezclándose con el dolor.
—¿Por qué no me dijiste que salías con Alice? ¿Por qué me ocultaste eso? ¿Sabías algo de esto?
Ricardo tragó saliva, voz baja y temblorosa.
—No… no sabía nada de esto, April. Te juro. Alice y yo… fue algo secreto. Ella no quería que nadie supiera. Discutíamos por eso todo el tiempo. Yo quería hacerlo oficial, pero ella… ella siempre decía que no estaba lista. No sabía que estaba planeando algo así. No sabía que iba a lastimarte de esta forma.
—¿Y por qué no me lo dijiste tú? —grité—. ¡Soy tu sobrina! ¿No pensaste que merecía saber que mi “mejor amiga” de antes estaba saliendo con mi tío? ¿Que quizás ella seguía obsesionada con Tyler?
Ricardo bajó la cabeza.
—Tenía miedo de que te enfadaras. De que pensaras que yo… que yo estaba traicionándote. Alice me convenció de que era mejor en secreto. Ahora veo que todo era una mentira. Todo.
Me dejé caer en el sofá del salón, abrazándome las rodillas. Las lágrimas seguían cayendo.
—No sé qué hacer, Ricardo. No sé si creerle a Tyler que lo drogaron. No sé si perdonarlo. Solo sé que duele. Duele tanto que no puedo respirar.
La abuela volvió con una taza humeante de té de manzanilla y se sentó a mi lado, poniéndome la mano en la espalda.
—Bebe, mija. Poco a poco. Aquí estás segura. Nadie te va a lastimar más. Y ese hombre… si te hizo daño, aunque sea sin querer… no merece tus lágrimas. Pero tú decides. Siempre decides tú.
Mientras tanto, en la mansión Lombardi, Alice y Vanessa estaban en la habitación de Alice, con la puerta cerrada pero no lo suficiente. Celebraban con una botella de champán sin alcohol —por el embarazo— y risas bajas, casi eufóricas.
Alice levantó su copa, ojos brillantes.
—Se fue. April se fue. Me mandó un mensaje diciendo que necesitaba espacio. Tyler debe estar destrozado. Las fotos funcionaron perfecto. Vanessa, amiga… lo logramos. La venganza está completa.
Vanessa sonrió, chocando su copa.
—Te dije que las fotos la romperían. Ahora Tyler no tiene salida. O se queda contigo por el bebé, o pierde todo. Y April… se va a arrepentir de haberlo elegido a él.
Alice se tocó el vientre, satisfecha.
—Pronto le diré a mis padres. Diré que fue un error con un ex… pero que Tyler es el padre. Que él me abandonó. Armando lo va a odiar. Va a querer destruirlo. Y yo… yo voy a tenerlo todo.
No vieron ni oyeron la sombra al otro lado de la puerta.
Alicia, la madre de Alice, estaba pegada a la madera, escuchando cada palabra. Su rostro pálido, los ojos abiertos de horror y furia contenida. No entró. No gritó. Solo se quedó ahí, respirando lento, procesando la traición de su propia hija.
Cuando los pasos de Alice y Vanessa se alejaron hacia el balcón, Alicia se apartó en silencio. Bajó las escaleras hacia su habitación, cerró la puerta con llave y se sentó en la cama.
Susurró para sí misma:
—No mi hija… no mi niña… ¿qué has hecho?
Sabía que tenía que actuar. Pero aún no. Primero, necesitaba pruebas. Primero, necesitaba entender hasta dónde llegaba esta locura.
Y en la casa de la abuela, yo seguía llorando, con el té enfriándose en mis manos, sin saber que el juego apenas empezaba a complicarse para todos.