Sentado en la sala de estar comiendo de su gran tazón de helado, Rubí observó a Dennis contemplar a través de los ventanales el jardín. —Si quieres, puedes salir —comentó, lamiendo su cuchara—. Yo iría contigo, pero creo que ya hemos comprobado que soy lo suficientemente distraído —dijo observando sus propios brazos cubiertos de quemaduras de diferentes tamaños. —No, está bien —aseguró, regalándole una dulce sonrisa—. Solo observé el árbol y recordé los buenos momentos que tenía con mi hermano, aquellos donde éramos pequeños y nos caíamos en las montañas de hojas que reuníamos en el suelo —comentó. —Eh, suena bien. Donde yo vivía hacía calor mayormente y solo unos pocos meses de frío, pero ni siquiera lo consideraría frío realmente —explicó. —Oh, cuando es invierno las calles se llenan

