—Hey, tiempo que no te veía, hermanito —saludó Cian, atrapándolo justo en el estacionamiento que ambos compartían. —Y no lo estarás haciendo en unos minutos —respondió, escogiendo finalmente una llave de una de sus motocicletas. —¿Qué? ¿Ya vas de salida? —cuestionó, siguiéndolo. —A la mansión —respondió, acomodando la mochila sobre sus dos hombros—. Solo vine a recoger algunas cosas que necesitaba —explicó. —Ya me parecía extraño verte por aquí con tu cosita en la mansión —sonrió, cruzándose de brazos—. ¿Y? ¿Las cosas entre ustedes van tan bien como mi dulce Dennis me cuenta? —indagó. Recordando los besos que habían estado compartiendo desde aquella tarde en la habitación de Rubí, una instantánea sonrisa grande creció en el rostro de Cyrus, quien ni siquiera se esforzó en ocultarla.

