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969 Palabras
¡El sol se asomaba, pintando el cielo con sus dorados colores! Emilia, Camilo y el pibe se despertaron re emocionados, ¡querían ver qué onda en este nuevo lugar! El depto todavía estaba medio vacío, con cajas por ahí que recordaban la mudanza. Con el olorcito del café, nos juntamos en la mesa del desayuno, con los ojos entreabiertos por el jet lag. Camilo, re contento, rompió el silencio: "¿Qué onda, aventureros? ¿Preparados para descubrir esta ciudad?" Emilia, con emoción en los ojos, bostezó: "¡Claro que sí! Pero primero, café. ¡Necesito café!" El pibe, mezclando curiosidad y nervios, preguntó: "¿Qué planeamos hoy? ¿Nos mandamos a explorar la ciudad?" Camilo asintió re entusiasmado. "¡Claro, a explorar!" Y le tiró a Emilia, "¿Qué te parece arrancar por el centro histórico? Me dijeron que es una joya arquitectónica." Emilia se levantó por un café bien caliente. "¡Re piola! Además, puedo sacar fotos mientras recorremos. Quiero agarrar la onda de este lugar desde el principio." El pibe se prendió. "¡Y yo quiero probar la comida local! Dicen que los desayunos acá son de otro nivel." La familia se puso las pilas para encarar el día. Nos abrigamos con unos saquitos livianos porque el airecito mañanero estaba fresquete, señal de que el otoño venía a full. Al salir del depto, la ciudad estaba llena de ruido y movimiento. Recorrimos calles empedradas, rodeados de edificios viejos que tenían historias grabadas en su arquitectura. Emilia, con la cámara lista, inmortalizaba todo lo copado que veíamos. Camilo señaló un edificio re imponente. "¡Mirá ese diseño! Seguro tiene una historia re copada." Emilia enfocó para capturar el edificio. "¡Totalmente! Voy a googlear más sobre este lugar después." El pibe, chocho viendo los puestitos callejeros, dijo: "¡Hay que probar algo de eso!" Apuntó a una carpa con comida local. Nos metimos de lleno en la movida de la ciudad. Probando comidas nuevas, descubriendo rincones escondidos y empapándonos de la cultura que nos rodeaba. Cuando cayó la tarde, nos sentamos en un parque re tranqui, con el sol tiñendo el horizonte de colores cálidos. Emilia suspiró, mirando las fotos del día. "Estoy re enamorada de este lugar, cada rincón tiene su historia." Camilo, re tranqui, dijo: "Creo que nos va a ir de diez acá, ¿no te parece?" El pibe asintió con una sonrisa de oreja a oreja. "¡Totalmente! Ya estoy re manija por lo que viene." Entre risas y charlas, nos relajamos en la tarde, disfrutando el inicio de nuestra vida en este país nuevo. Mientras el sol se escondía, compartimos expectativas, sueños y anécdotas del día. Al volver a casa, nos miramos sabiendo que esto recién empezaba, que cada día iba a traer nuevas aventuras y descubrimientos en estas tierras desconocidas. ¡Qué locura arrancar esta nueva etapa! ¡El sol ya se estaba yendo, pintando el cielo con sus colores dorados y rosas mientras Emilia, Camilo y el pibe vivían su tarde de descubrimientos en la ciudad nueva! Después del re movido mercado de la mañana y el café para aflojar, la familia decidió ir a un parque urbano que prometía ser la posta. Era como un oasis en medio de todo el quilombo de la ciudad. Caminaron entre senderos llenos de árboles, re tranquilos y disfrutando del aire fresco. Ahí el ruido de la ciudad se perdió y solo se escuchaba la onda de la naturaleza. Emilia, con su cámara lista, paraba cada tanto para capturar la onda natural del lugar. "Che, mirá cómo la naturaleza se la rebusca entre tanto edificio," decía mientras fotografiaba una flor re linda que sobresalía entre las hojas. Camilo, al aire libre, tiró: "Estos lugares verdes son como un respiro, ¿no? Una pausa necesaria en medio del caos urbano." El pibe, corriendo alrededor de una fuente, gritaba emocionado: "¡Che, miren esto!" Señaló a unos patos nadando re tranquis en el estanque. "¡Re copado verlos acá en medio de todo!" Con el sol bajando, la familia decidió seguir con la movida. Se mandaron a un barrio que tenían fama de ser una joya artística y cultural. Caminaron por calles llenas de grafitis re coloridos y murales re cancheros que contaban historias re copadas. La creatividad estaba en todos lados, invitándolos a meterse en el mundo del arte urbano. Emilia, re copada con la onda artística, sacaba fotos de todo mientras alababa la creatividad. "Esto es arte vivo, que te habla, te mueve." Camilo, viendo las expresiones artísticas, dijo: "Cada trazo es una historia de esta ciudad, una mirada a su esencia." El pibe, mirando una escultura moderna, preguntó: "¿Qué piensan que representa esto?" Señaló una obra abstracta que estaba en frente de ellos. La familia se metió en un re debate sobre el significado del arte, cada uno con su punto de vista. La tarde se les iba volando mientras absorbían toda la diversidad cultural y artística de la ciudad. Ya de noche, volvieron a su lugar, cansados pero re contentos por el día lleno de cosas nuevas. Se sentaron en el balcón, viendo las luces de la ciudad encenderse mientras el sol se mandaba completamente. Emilia, re feliz, miró a la familia. "Cada día acá es como abrir un libro nuevo, ¿no les parece?" Camilo, re tranqui, dijo: "Totalmente. Esta ciudad nos está mostrando de todo, es una joya." El pibe, re emocionado, dijo: "¡Quiero ver más!" Mirando el horizonte que se iba oscureciendo. La familia se abrazó, viendo el panorama urbano. Cada día, esta ciudad desconocida les daba más sorpresas, más experiencias, y les dejaba escribir páginas que nunca se iban a olvidar. ¡Qué locura empezar así en un lugar nuevo!
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