Pensé que Zion desistiría. En serio, después del susto que le di, pensé que no escucharía a esa deliciosa boca hablar más estupideces. De hecho, por un momento temí haber puesto la competencia en peligro al haber arruinado las cosas con él. Pero no, el rubiote no desistió, es un jodido grano en el culo. Al día siguiente no salí de la habitación hasta la hora del entrenamiento pues el muy idiota, llegó alrededor de las ocho de la mañana, según Aby, y se sentó en la puerta de nuestro cuarto. Ni llamando al tipo de seguridad desistió, pues a pesar de que lo sacaron de la residencia, se sentó en su auto a esperar. Debo reconocer que tiene paciencia el tipo. El lunes, cuando llegué a clases, estaba esperándome en la perta de la universidad y desde que me vio comenzó a suplicarme para aceptar

