CAPÍTULO 9

1274 Palabras
Valentina continuaba aferrándose a sus hombros con la cabeza apoyada a su pecho. El calor iba desapareciendo poco a poco pero la respiración aún era rápida. Se negaba a separarse de él, sentía una vergüenza enorme por lo fácilmente había sido, con lo que fácilmente se había acostado con él. Tan rápido… no le había dado tiempo a pensar en nada. Bueno, era una persona adulta ¿No? Tenía derecho a un poco de diversión. Por más que quería convencerse en parte no lo conseguía. Nunca, jamás debería haberse acostado con él. Kaleb no era como todos los hombres, él era… una especie de droga e imán. La atraía… y ahora que lo había probado, tendría graves problemas para no ir corriendo hacía él. Si al menos no supiese de lo que se perdía. Si al menos no supiese lo bueno que era en la cama. ¡Por Dios le había dado más orgasmos que cualquier, otro hombre! Y todos seguidos. —Valentina… ¿Estás bien? —Uhm — —Valentina. —¿Qué? — murmuró ella. —¿Qué te pasa? —Sabes que esto no debería haber pasado… —¿Te arrepientes? — preguntó él Valentina no respondió ¿Se arrepentía? No.. entonces ¿Porque no se lo decía? Kaleb se separó de ella y le permitió mover un poco las piernas de aquella posición tan incómoda. —¿Te arrepientes? — volvió a preguntar. A ella le tembló el labio. —¿Te arrepientes Valentina? — preguntó de nuevo insistiendo. —No está bien lo que hicimos. —No me evadas, te hice una pregunta. ¿Por qué se había puesto tan serio? —Mira no creo que haya estado mal lo que hemos hecho, los dos lo deseábamos, eso sí, si te arrepientes no te preocupes por nada, no volverá a pasar. ¿Estaba enfadado? Rápidamente él se separó de ella y comenzó a vestirse. —Kaleb… —No te preocupes Valentina me mantendré alejado de tu provocador cuerpo, no me verás el pelo. —Pero… Él se comenzó a alejar de ella, y se sintió muy sola. —Kaleb, no te vayas. —¿Quieres que me quede? ¿Para qué? Mejor me voy, no quiero que después te arrepientas. —¡Qué no me arrepiento de nada, maldita sea! Kaleb se paró de pronto, y se giró hacia ella despacito. —¿Segura? — preguntó con cautela. Valentina asintió. —Que no me arrepiento… sólo que.. no debió pasar. —Eso es algo que… ¿Cómo decírtelo? ¿Algo que ya no vale la pena pensar? —Ya ha pasado Valentina… y juraría que has disfrutado tanto como yo. Poco a poco se acercó a ella, estaba desnuda y sonrojada aún. —Se que ya ha pasado — dijo ella. —Y lo has disfrutado — Valentina se sonrojó, y él le acarició las mejillas. —Muy bien lo que digas. —¿No lo has disfrutado cariño?— preguntó él picaron — ¿Has estado fingiendo? — preguntó haciéndose el ofendido. —¡Claro que no! — exclamó ella rápidamente. —¡Oh, menos mal! Creía que tendríamos que repetir para comprobarlo. Valentina miró al otro lado para intentar disimular el calor que abrazó su cuerpo. Kaleb por el contrario continuó mirándola, su rostro rojo, su cuerpo acalorado, recorrió cada rincón de su bello cuerpo. Desde sus ojos, pasando por su cuello, el cual tenía una pequeña marca que él le había dejado sin querer. Siguiendo por sus pezones, erectos que lo llamaban a voces. Bajando por su vientre hasta llegar al triángulo húmedo que unía sus piernas. Algo en él se tensó. —¿Sabes que eres una provocación así, como estás? Ella intentó cubrirse, pero él detuvo sus manos y se inclinó un poco sobre ella. —Kaleb... — se intentó quejar —No digas nada… — murmuró él, y poniéndose a su altura, tomó sus labios en un muy largo y placentero beso ardiente. Después de volver hacer con desenfreno y una pasión desmedida, ambos cayeron en un profundo sueño. El molesto sonido del teléfono perforó su cerebro y dando un salto se incorporó de la cama. —Dígame — su voz ronca por el sueño le resultó extraña. —Valentina, soy Maya. Rápidamente sintió el sueño y la pesadez apoderarse de su cuerpo, soltando un suspiro se dejó caer un poco hacía atrás, y se apoyó en las almohadas de la cama. —Hola Maya — dijo muy débilmente. —¿Te he despertado?, ¡Oh lo siento cariño, no sabía que dormías! — exclamó la cobriza a través de la línea. —No grites — pidió Vale —Bueno, perdón, ¿Tienes resaca? ¿Saliste de fiesta ayer? Es la una y media, no pensaba que estuvieses durmiendo a esta hora. —La una y media — preguntó asombrada y abrió los ojos rápidamente . —Sí, pero bueno, da igual, sigue durmiendo tú que puedes, sólo te llamaba para saber cómo iba todo. —Mmm… como siempre. —¿Y mi hermano?. Valentina reaccionó. Y busco alrededor a Kaleb, se descubrió sola en la cama, y una especie de decepción se apoderó de su cuerpo. Pero no debía de sentir nada por el estilo. —No sé. —¿Qué? ¡Ya voy! —gritó Maya, hablando con otra persona — Tengo que colgar Vale, después te llamo. —No hace falta, no soy una cría. —Lo sé, pero bueno, ¡Voy, voy! Me tengo que ir. Hasta luego. —Maya… —¡Ah, una cosa!, Te llamaba para decirte que me voy a retrasar una semana más. —¿Qué? — pi, pi, pi, el sonido de línea cortada sonaba en su oído. Valentina se quitó el auricular de la oreja, y miró el teléfono como si fuera algo extraño. Después colgó, ¡Maldita sea! Pensó. ¿Cómo se iba a retrasar una semana más? ¿Cómo se atreve a dejarla una semana sola, con aquel hombre que le había hecho el amor toda la noche?. Ese hombre que la había dejado tan cansada que le había dado la una y media de la tarde durmiendo. ¡Dios santo! ¿Y dónde estaba ese hombre? —Al fín se levantó la dormilona — la voz risueña, y sensual de Kaleb la hizo incorporarse en la cama. La sábana cayó destapándola — Bueno… si me recibes así, me olvido del almuerzo, y vuelvo a la cama contigo. Valentina miró hacia abajo, y vio sus pechos con sus pezones erguidos para él desnudos. Enseguida se tapó. —Mmm.. —¿No vas a decir nada más… uhm… con más sentido? —Buenas tardes… —¡Y tan buenas! — dijo acercándose a ella con una sonrisa picarona en la boca. ¿Qué tal has dormido castaña? Sin poder evitar una tonta sonrisa apareció en su rostro, mientras él lo acariciaba. —Bien — contestó con la sonrisa aún dibujada. —Así me gusta, que sonrías… Él se inclinó sobre ella, y acarició los labios de Valentina con los suyos. Ella suspiró. —Kaleb… —¿Mmm…? — murmuró bajo, sensual, que la hizo estremecerse. — Me llamo Maya. —Mmm… lo sé. —¿Lo sabes? — preguntó sorprendida. —Ajá… fui a coger el teléfono antes que tú, para que no te despertaras, pero cuando descolgué estaba mi hermana diciendo que era ella. —¿Me has espiado? —¡No! — contestó él riendo por la voz con sorpresa de ella — ¿Habéis hablado de mí? — preguntó con curiosidad y divertido. —Pues no… —¿Segura?
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