Brook: Una semana y media después. Conté los sacos de grano que se iba a la comercializadora, en total eran doscientos y esto era más que suficiente para que se fueran. Cada uno pesaba al rededor de sesenta kilos o quizá un poco menos, que es el peso aproximado y adecuado para ser transportado. Este era el único trabajo que tenía sola y me encantaba por qué me sentía útil. —Eso sería todo señor Graham, los doscientos sacos de grano que pidió. —Gracias señorita Morgan, está todo perfecto, aquí tiene el pago —me entregó el cheque—, sesenta mil dólares como estaba acordado. —Gracias a usted por la confianza, recuerde que si necesita los mejores granos y alimento, puede venir aquí. —No tengo duda —estrechó mi mano—, nos vemos en unos meses. —Adios. Se fue en la camioneta junto con sus

