La respiración de Helena se agitó al ver a Amanda al fondo con las demás mujeres reunidas. No supo qué estaba sintiendo en ese momento, si una mezcla de nerviosismo por no saber cómo la mujer reaccionaría o una mezcla de furia y frustración al pensar cómo la chica se había metido en su cama tres años atrás. Había tratado de olvidar las caricias de su esposo luego de aquel incidente. Incluso estuvo en dos relaciones de noviazgo después de la “la trágica noche”, pero nada había llenado el vacío que la herida le había dejado. Ni siquiera las caricias ajenas pudieron borrar los besos tatuados por él en su piel. No había podido olvidar al hombre que estaba a su lado sosteniendo su mano, pero tampoco había podido borrar el trago amargo que sufrió esa noche. En ese momento comprendió la chica

