Helena sintió que la respiración se le entrecortaba al escuchar las palabras de Pato. Decirle que la haría suya aun en contra de su voluntad, le hacía ver que no la había olvidado del todo. Para ella, fue todo una sorpresa ya que albergaba sentimientos por él que no podía hacer a un lado por más que lo había intentado. Había tratado de enamorarse de otros hombres, había tratado de borrar los besos de su Max Pato con caricias ajenas, pero él siempre había estado presente en su corazón y tatuado en su piel. La chica tragó saliva al verlo determinado por irse. — Pato, espera —dijo Helena sin pensarlo levantándose de su lugar. — ¿Sí? —inquirió Pato un poco esperanzado viéndola con cierto anhelo en sus ojos. — ¿No me vas a preguntar los motivos por los que hice el contrato con tus padre

