Pato siempre creyó que valía más su libertad que llevar una vida convencional. Tenía la firme creencia de que el matrimonio significaba ponerse grilletes en las manos y no poder cumplir con sus sueños. Sin embargo, cuando Helena llegó a su vida su perspectiva cambió radicalmente. La primera vez que la vio quedó impresionado a primera vista por esos ojos azules y esa manera tan tierna de querer defender a un inocente de un bravucón como Max Bax. Siempre había sido una persona que defendía a los más indefensos en situaciones injustas. Aunque con Helena las cosas fueron más allá, pues al ver que el bravucón comenzó a molestarla tuvo el impulso por meterse de inmediato a defenderla. Había sentido como si fuera su deber el bienestar de la extraña, en aquel entonces. Había tenido la fortuna de

