Mi mamá no nos interrumpió, de hecho, esperó a que nos saludáramos adecuadamente y en su rostro no noté ni una chispa de molestia. —Buenas tardes. Es un gusto estar aquí. He traído esto para usted. Espero sean de su agrado — le extendió el otro ramo de flores, y ellas las tomó sin disgusto. —Gracias. No tienes que ser tan formal. Ahora que eres parte de la familia puedes tutearme. Pónganse cómodos. Nos sentamos en el sofá, mi madre se fue al otro que quedaba al frente nuestro. —El propósito de esta reunión es aclarar algunas cosas y que podamos conocernos mejor. Quiero saber dónde está mi hija parada y con quién. Supongo que es totalmente normal la curiosidad. —Lo comprendo. —Quisiera hacerte una pregunta y que intentes ser lo más honesto posible. ¿Mi padre nunca habló contigo

