CAPITULO XLV. Scarlett. Nadamos hasta que no quedo energía en nuestro cuerpo, esta había sido la mejor cita de todas. Salimos empapados de agua y con la ropa pegada a nuestro cuerpo como una segunda piel, la camisa blanca de Terrence ahora es casi transparente y yo no podía dejar de verlo. Tengo un poco de frio y me abrazo a mi misma mientras caminamos hacia donde está la mesa, quien diría que esta cita iba a terminar con nosotros con una promesa y metidos en el mar hasta muy noche. — ¿Tienes frio? —lo mire y asentí—caminemos rápido entonces para que puedas quitarte esa ropa—sonrió levemente y le di un golpe porque sabía en qué pensaba— ¿Qué? yo no he dicho nada. —Pero lo has pensado—se acerco a mí y me alzo en sus brazos y yo pegue un gritito. —Eso sí que no te lo

