CAPÍTULO 48

1165 Palabras

Parpadeé mirándolo. —¿Por qué?— Apartó la mano de mi muslo y tomó mi muñeca entre ella antes de llevar mi mano hasta su pecho y colocarla sobre su corazón. «Siento lo mismo aquí. Se supone que se relaja cuando nuestro vínculo se consolida». —¿Por qué? —pregunté, fascinada. Ninguno de los dos hizo ningún esfuerzo por retirar mi mano de su pecho. —Es esa parte de nosotros la que anhela pertenecer a una manada. No una grande, como la de mis amigos. Eso no satisface a un sigma. Lo que queremos es una persona. Un compañero para siempre.— Sentí una opresión en el pecho. —No confío en los hombres—. —Si ya confiaras en mí, me preocuparía tu criterio.— Casi se me escapa una risita. —Pensaba que te habías acostado con todas las mujeres guapas del país—. Soltó una risita y finalmente me soltó

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