Supongo que tenía razón. A veces abrazaba a sus padres; los sentía más como mis propios padres que los míos. Pero era un abrazo paternal, no íntimo. —La idea de que toques a otra persona me dan ganas de arrancarle el cuello a alguien—, admitió Rocco. —En plan platónico—. Me atraganté de la risa. —Estoy segura de que aquí es común que te arranquen la garganta entre amigos—. —Mmm —confirmó, aunque sentí su sonrisa contra mi nuca. —De acuerdo, vámonos. —Me aparté de él rodando y, a regañadientes, me soltó. Nos vestimos rápidamente, sin ducharnos, y nos fuimos al trabajo. Ozzy se alegró mucho cuando llegamos juntos, y eso me hizo sentir muy bien. Pensé que la situación entre Rocco y yo sería incómoda después de lo que habíamos hecho antes, pero no fue así en absoluto. Intercambiamos sonr

