UN AÑO DESPUÉS —¿De verdad sigues huyendo de él? —preguntó Del. Su voz sonaba entre divertida y cansada. —Claro que sí —repliqué, aunque mi voz me sonó tan cansada como la suya—. Ya te lo dije, no quiero un alma gemela. —¿Ya leíste el manual del compañero?— —Si quisiera lanzarme de culo sobre la polla de un hombre lobo, leería el maldito manual de apareamiento —gruñí en respuesta. Ella resopló. —Qué asco, Jay. —Lo sé. Estoy de mal humor, lo siento. —Me pasé la mano por el pelo grasiento. Necesitaba un lavado desde hacía una semana; ahora estaba casi hecho un desastre—. Necesito dormir. —Miré por el retrovisor al lobo que corría detrás de mí con la misma constancia de siempre. Cómo podía correr tan rápido como yo conducía era un misterio para mí, y me sacaba de quicio. Aunque lograra

