Tenía el culo en su mano, pero no lo había apretado, ni siquiera había movido los dedos intentando tocarme disimuladamente. Le había estampado pan en la cara y él me había dado las gracias por el bocadillo. Estuve en el suelo, completamente desnuda, y crucé el pasillo también desnuda, y apenas me miró. No hizo ningún esfuerzo por convencerme de que me metiera en su cama, ni se levantó de la suya para acorralarme en el suelo. Ni siquiera había intentado tocarme. ¿No le atraía yo? No era la mujer más guapa del planeta, pero tenía un buen cuerpo. No podía encontrarme fea, ¿verdad? Desde luego, no podía estar intentando ser educado. Los hombres nunca son educados. Me sentí mejor respecto a los abrazos desnudos ahora que sabía que él pensaba que yo era fea. Tras retirar con cuidado el r

