En cuanto convencí a Rocco de que se casara conmigo. Probablemente no haría falta convencerlo mucho, pero si fuera necesario, estaba segura de que podría hacerlo. Al fin y al cabo, él me amaba. Y yo también lo amaba. ¿Y qué más importaba? Tomé el sobre con el dinero de Rocco que estaba encima de la nevera y lo revisé para calcular nuestro presupuesto. No iba a gastar una fortuna —la verdad es que no soy mucho de fiestas—, pero quería que fuera algo que Rocco y yo pudiéramos recordar. Cogí el móvil, busqué el número de la tienda de vestidos más cercana y me llevé el aparato a la oreja. —Ese vestido no te favorece en absoluto —comentó Ebony. —Me hace parecer ancha —me quejé, alisándome las caderas y el abdomen con la mano. —O embarazada —replicó Tea con una sonrisa cínica. Resoplé. —

