SERGEI Resoplo con una mezcla de fastidio y resignación cuando mi madre me tiene inclinado hacia ella, atrapado en su abrazo, mientras sigue dándome besos por todo el rostro y susurrándome al oído que tenga paciencia con Aura y Lira. Me repite que las cuide, que sea su escudo y que nunca olvide la esencia de lo que significa ser un Darrend: proteger lo nuestro con garras y dientes. Tiene los ojos cristalizados, brillando con una nostalgia que no oculta, diciendo entre sollozos que su bebé ha crecido demasiado rápido y que ahora vuela del nido. Travix no deja de contener la risa detrás de mi madre, disfrutando de mi humillación pública; tiene envuelta en sus brazos a su esposa Alexa, quien lo mira con una advertencia silenciosa. Mi padre está a un lado, con el ceño fruncido y los brazos c

