Habían pasado tres días desde que llegamos, todos perfectos de diferentes formas, llenos de todo tipo de recuerdos de los que te aferras cuando todo va mal. Aún podía sentir el aire fresco en mi piel mientras hacíamos un día de campo durante nuestro segundo día, cuando Al cubría mis ojos para que probáramos una caja de chocolates con rellenos diferentes y yo trataba de adivinar que eran, apuesto que se había copiado de alguna película. También estuvo ese momento en que insistió en darme clases de baile por segunda vez con un poco de música bajo el cielo estrellado, el cual terminamos viendo desde el balcón de la habitación principal cuando nuestros cuerpos ya estaban cansados. Entonces, el tercer día nos fuimos de compras porque yo me negué a nadar en ropa interior y dije que solamente lo

