Atravesamos la puerta de madera para entrar a la gran mansión demasiado moderna y llena de naturaleza con pisos de madera y grandes ventanales en la sala de estar para contemplar el paisaje que creaban los infinitos viñedos alrededor. No podía creer lo que veía y es que con Al ya no sabía qué esperar, cuando dijo que vendríamos a casa de uno de sus amigos intenté prepararme; aunque, el que insistiera que era una casa de seguridad me había llevado a creer que iríamos a un lugar normal, nada sobresaliente. —¿Sabes cuál es la mejor parte? —susurró Al a mi oído cuando me quedé estática en la entrada de la casa mirando la espaciosa sala de estar y la cocina no muy lejos —, hay un piano —mencionó feliz y lo miré sorprendida —. Ahora podrás volver a practicar. —Oh, vaya —comenté sin mucho que

