🔶17: MIEDO🔶

2466 Palabras
Diego Escribiendo malditos informes toda la mañana y tarde, la maldita vida de un adulto, trabajar, trabajar y trabar. Mi celular sonó, aparte la vista del computador y tomé mi celular, era Emilia, saqué los lentes que utilizaba para no cansar tanto mi vista en el computador y froté un poco mis ojos, decidí contestar mientras me levantaba de la silla. Llamada. —Querido Diego. —Emi, ¿A pasado algo? —No, ¿Acaso debe pasar algo para que quiera llamarte querido? —No solo lo digo por lo de Ariel, sabes que en cualquier momento puede hacer una locura, debe estar cada día más irritante, una vez más agradezco no estar ahí. —Si realmente en estos momentos desearía ser tú, todos los días me pide despedir y contratar nuevas personas para la búsqueda de Azúl, resulta que nadie ha sido capaz de encontrarlo, no sé por cuanto tiempo más va a estar desaparecido ese chico, pero espero que parezca pronto porque así como están las cosas no creo que Ariel se quede tranquilo. —También espero que aparezca pronto, mi hermano no sabe vivir sin él desde que está en su vida. —Si, ¿Y tú? ¿Como te va por allá? —Bien, diría que de maravilla, pero no completamente, desgraciadamente el trabajo me sigue a todas partes, de hecho estaba terminando un informe sobre el balance y reporte de los dineros que entran y salen de las nuevos inversiones de un cliente importante, pero bueno, al menos tengo una linda ciudad que admirar desde lo alto del hotel. —¿Hotel? ¿No estás en la cabaña de Las Vegas? —No, estoy en Canadá específicamente Ottawa, estaré aquí por dos días más. —¿Qué haces ahí y por qué no estás en Las Vegas? —Nada importante pero no te preocupes que estoy aprovechando de evaluar algunas legalidades de dinero en uno de los hoteles de la cadena que está aquí en Ottawa, así que como dije, donde voy el trabajo me sigue. —Bueno, espero que este todo bien, espero los informes cuando los termines y los del hotel de Ottawa también, se los daré a Ariel para que los revise. —Ya, estaremos hablando, cuídate y no le tomes importancia a lo que te diga mi hermano cuando esté enojado, ya sabes como es. —Lo sé, gracias por el consejo. Fin de llamada. Después de que cortara volví de nuevo al pequeño escritorio del cuarto del hotel, me senté en la silla, me coloqué los lentes y seguir tecleando para terminar esos informes, tenía unas cuantas ideas para cuando visitara el hotel en un rato. ×•×•×•×•×•×•×•×•× —Espero que todo siga así de bien, tal vez venga más seguido todo depende— dije extendiendo mi mano al gerente del hotel. —Un gusto como siempre tenerlo de visita señor Diego, estaremos encantados de tenerlo de visita nuevamente y no se preocupe, todo seguirá igual de bien— dijo tomando mi mano para sacudirla dos veces y luego apartarse. —A propósito aprovechando que estoy aquí me gustaría probar una de las habitaciones, ver que tan bueno es el servicio— dije sonriendo. —Claro, como guste, hágame el favor de acompañarme a recepción para asegurarme de que le den una de las mejores habitaciones con la mejor vista— dijo señalando la puerta para que saliera, al salir Sander estaba mirando por el ventanal que estaba cerca de la oficina del gerente. —Espere un momento, iré a buscar a mi acompañante y vuelvo— dije mientras me disculpaba con una pequeña reverencia y luego me daba la vuelta camine unos pasos para luego tocar su hombro— acabo de terminar, nos darán una de las mejores habitaciones— dije bajito mientras le sonreía, él también sonrió con entusiasmo y ansiedad— las ventajas de ser el hermano del dueño— dije agarrando su cintura para caminar de vuelta con el gerente. Al llegar a recepción el gerente habló con la recepcionista y luego los dieron la tarjeta de acceso de la habitación. —Espero que la disfruten, piso 92 habitación 800— dijo el gerente sonriendo. Asentimos en forma de despido y luego nos fuimos camino al ascensor, apreté el botón del piso en el que nos habían dado la habitación y esperamos a que el ascensor subiera, afortunadamente era tarde por lo que no estaba muy concurrido. —¿Como estuvo tu día? — pregunté a Sander mientras el ascensor subía. —Normal, cuando llegue mi hermano se había despertado por casualidad, por lo que casi me reta, después de unas horas me desperté tomamos desayuno, salimos a pasear y luego volvimos a casa le entregué el regalo a Kristian, afortunadamente le gustó— dijo sonriendo— luego tuvimos una mini celebración donde invitaron a algunos niños y sus padres, comida, música, piñatas, cosas de niños, luego los niños se fueron a jugar y los adultos estuvimos conversamos, comimos unas cosas, tomamos y luego me llamaste y les dije que volvía en unas horas— comentó mientras me miraba debes en cuando. —Qué bueno, me quedé un poco preocupado después de que te fuiste, era muy temprano— comenté recordando lo de la madrugada. —Si, pero no pasó nada, ¿Y el tuyo? ¿Como estuvo tu día? — preguntó —Trabajo, trabajo y más trabajo, con suerte desayune y almorcé, estuve haciendo informes todo el día y mi situación no cambiará en cuanto llegue al hotel de nuevo, debo hacer informes sobre todo el papeleo que revise aquí para luego mandarlo a Emilia— dije con un poco de fastidio, en eso sonó el timbre del ascensor avisándome de que habíamos llegado al piso, salimos de este. —¿Quién es Emilia? — preguntó, al parecer nunca le hablé de ella. —Es secretaria, amiga, asistente, paño de lágrimas, hermana, mamá y de todo lo que puedas imaginar, ella es muy importante para Ariel y mi— dije pasando la tarjeta de acceso para poder entrar. No tuvo tiempo de responder si lo iba a hacer porque en cuanto se abrió la puerta habitación, saque la tarjeta y la guarde en mi bolsillo para luego entregarlo en la habitación y colocarlo contra la puerta. Lo besé lujuriosamente, estaba realmente ansioso, el enredo sus manos en mi cuello para luego saltar y enredar sus piernas en mi caderas, agarré su trasero, desabroché el botón y cierre de su pantalón, me separé jadeante de su boca un hilo de saliva colgaba de su boca a la mía, llevé mis dedos a su boca para que los ensalivara bien para luego colar mi mano por la parte trasera de su pantalón, aprovechando que sus nalgas estaban abiertas para darme más acceso a su entrada empecé a masajearla primero con un dedo hasta que entró, el suspiro en mi boca, empezó a moverse sobre este para que entrara más profundo, empecé a abrir espacio para que callera un segundo dedo, hice tijeras con mis dedos un par de veces hasta que pudo entrar un tercero, su cabeza estaba recostada en la puerta mientras besaba su cuello. —Ya me dilataste, mételo ya, quiero que estés dentro de mi— exigió mirándome fijamente, sus ojos lujuriosos me contagiaron. Tantos la pared hasta encontrar la luz, luego lo cargue hasta donde estaba la gran cama con dosel, las telas que caían estaban recogidas por lo que no necesito apartarlas, lo tiré en la cama sin mucha gentileza, mientras él se desvestía en la cama yo también lo hacía, cuando terminamos de desvestirnos tomé un condón del bolsillo de mi pantalón, levanté la vista, debía admitir que el chico se veía hermoso, su pelo rubio, su boca entreabierta, su piel blanca y suave expuesta, sus piernas abiertas para mí, mi no lo aguanté, me subí a la cama y me posicione entre sus piernas, coloque el condón en mi polla dura y levante una de sus piernas a la altura de mi cadera para tener más acceso me alineé y luego me introduje de una estocada. —Ahh!— su espalda se arqueo, y yo cerré los ojos para disfrutar el estar nuevamente dentro de él, cada una de sus respiraciones contraía mi m*****o en su entrada, se sentía increíblemente bien, empecé a moverme lentamente— me encanta que sea tan grande— dijo mientras aferraba sus manos a mi espalda y mordía su labio inferior, empecé a besar su cuello mientras seguía envistiendo, su piel se erizaba por el contacto. —A mí me gusta que seas así de apretado— dije envistiendo con fuerza sintiendo como se abría para mí en cada envestida que daba, el gimió y apretó sus uñas en mi espalda— estoy empezando a sospechar que te estás dejando crecer las uñas solo porque te gusta arañarme— comenté levantando la vista para verlo a los ojos con una de mis sonrisas seductoras, solo se sonrojo. —Me gusta arañar es verdad, pero no–no me las estoy dejando crecer— tartamudeo. —Al menos reconociste que disfrutas arañándome cada vez que tenemos sexo— dije mientras lo embestida, volví a bajar la vista hasta sus efectos pezones, los apreté con mis labios asiendo que gritara fuerte— ¿Así que este es tu punto débil?— pregunte sobre sus pezones, la piel se erizó por mi aliento en la zona, volví a apretar sus rosados pezones, uno primero y luego el otro— están tan duros— dije para luego lamer y succionar, levante la vista, sus ojos estaban blancos, su cabeza hacia atrás, en esto gimoteo fuerte, luego me salí de su interior, lo volví para ponerlo en cuatro— agárrate de los fierros— dije separando sus nalgas para introducirme nuevamente, vi como su culo me comía, volví a salir y me adentre lentamente para disfrutar de la vista, hecho mi cabeza hacia atrás mientras cerraba los ojos para tomar sus caderas, empecé a embestirlo como me gustaba, nuestros cuerpos sonaban al chocar entre sí. —Ahh, Diego! — gritó cuando toqué su punto dulce— dame más! — claramente lo hice, di en su punto por un par de veces más me agaché hasta pegar mi pecho con su espalda besé su cuello el cual sabía un poco salado por la transpiración, me agarré con una mano de los fierros para poder embestir con más fuerza, podía empezar a sentir como sus piernas tiritaban por el placer y la resistencia de la posición por lo que me salí de su interior, me senté para luego tomarlo y sentarlo sobre mi m*****o. —Muévete como quieras, puedes montarme— dije mientras lo bajaba con cuidado. —Lo haré— dijo sonriendo, colocó sus manos sobre los fierros del respaldar de la cama atrás de mi cabeza, tomé su cintura para ayudarlo y no se cansara tanto, empezó a saltar sobre mí, sus gemidos jadeos eran más fuertes cada vez, llego un momento en el que no tenía fuerzas para seguir moviéndose por lo que aferró sus piernas a mi cadera y sus brazos en mi cuello, nos di vuelta, el quedando debajo de mí y yo sobre él, en la misma posición, él con sus piernas y brazos aferrados a mi cuerpo, empecé a en vestirlo así mismo— ahh, ahh, cre– creo que voy a terminar— dijo Sander mientras apretaba con fuerza su interior tratando de resistir un poco más. —Hagámoslo al mismo tiempo— dije envistiéndolo un par de veces más para luego correrme junto a él, los dos en un gran gemido, nuestros abdómenes fueron manchados por su blanco semen, me salí de él y me levante para ir al baño, moje con agua tibia una toalla y me limpie el abdomen luego la estruje y volví a empapar, le saque un poco de agua y luego la deje sobre el lavabo mientras sacaba el condón y lo ayudaba para tirarlo, volví por la toalla y fui de vuelta a la cama para limpiarlo, él estaba todavía tiritando, después de limpiarlo lo tapé porque estaba empezando a hacer frío, luego volví al baño a lavar la toalla, la colgué y volví a la cama me acosté a su lado. —¿Estas bien? — pregunté acariciando su espalda. —Si, solo estoy un poco, ya sabes cansado— dijo levantando la vista, me quedo mirando un momento luego se acercó a mi— ¿Puedo besarte? — preguntó. —Claro— dije sonriendo, él se acercó y me besó, pero lentamente, luego sentí que algo mojaba mi rostro, me alejé un poco para ver si era lo que creía y en cuanto lo hice el escondió su cara en mi cuello mientras soltaba un sollozo, quedé un poco extrañado— ¿Sander? ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras? — pregunté acariciando su espalda y cabellos rubios un poco mojados por el sudor— Hey dime que es lo que te está angustiado. —So–solo tengo miedo— dijo levantando la vista para luego secar sus lágrimas. —¿De que tienes miedo? — pregunté acariciando sus mejillas. —No lo sé, solo tengo miedo, no quiero estar solo, sabes, tengo miedo a no encontrar a la persona indicada y estar solo para siempre, tengo miedo a no lograr lo que quiero, tengo miedo de volver a vivir lo que viví, tengo miedo, solo miedo, ¿prométeme que a pesar de todo nunca te alejaras de mí, aunque esto se termine, por favor?— pidió mientras lágrimas caían de sus ojos, mi pecho dolió y no sabía por qué razón verdaderamente, no sabía si porque en el fondo también tenía miedo a la soledad o por miedo a no encontrar a esa persona especial o me dolía verlo triste, solo sabía que en ese momento lo que me pareció más conveniente fue abrazarlo muy fuerte para transmitirle seguridad y un poco de calidez, cuando se calmó un poco me aleje de su cabello para besar suavemente sus labios. —Prometo estar a tu lado, aunque esto se acabe— dije sin pensarlo mucho, no tenía que pensar, el chico era una gran persona, aunque esto se terminara valdría la pena tener a un gran amigo, lo volví a abrazarlo. —Gracias— dijo volviendo a soltar en llanto. —Y no tengas miedo de volver a pasar lo mismo por que si llegas a estar con alguien me asegurare de investigarlo muy bien y si alguien te llega a hacer algo prometo perseguirlo hasta hacerlo pagar— dije apretando más en mis brazos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR