—Suerte, que tengas un lindo día en el despacho —musito con ternura mientras dejo un casto beso sobre los labios de Derek. —Gracias, mi amor —responde él para luego besarme suavemente. Nos encontrábamos en la entrada de mi casa, con la puerta abierta, a la vista de todos los vecinos, pero eso estaba lejos de importarme, pues con Derek se sentía todo correcto, como si hubiéramos nacido para estar de este modo. Luego de que Lisbeth nos pusiera alerta a todos sobre su estado de salud hace unos días, Derek se había quedado a dormir en mi casa todos los días, y solo volvía a su departamento en busca de más ropa y sus artículos personales, lo que me tenía en una nube, pues aunque me apenaba mucho por el hecho de sentir que cada día perdía más a mi madre biológica, sabía que junto a ese homb

