DEREK Ema entra en mi despacho sin siquiera tocar la puerta y entonces puedo ver su mirada cargada de temor e incertidumbre, lo que me hace sentir impotente, pues aún no podía creer cómo era posible que yo no hubiera notado la ilegalidad de todo este asunto relacionado a la herencia de Herber Miller. —Tu rostro no me da esperanzas, Derek —musita con temor y luego se acerca a mi para dejar un suave beso sobre mi mejilla a modo de saludo. Su perfume inunda mis fosas nasales con aquella cercanía y de inmediato el cosquilleo en mi estómago se hace presente. Para mi era evidente que mi corazón ya tenía sentimientos formados hacia aquella bella y valiente mujer, pero temía que ella no me correspondiera, es más, no me atrevía a confesarle nada aún, al menos no hasta que tuviera claridad de lo

