Abro los ojos al sentir como mi celular no dejaba de vibrar bajo mi almohada. Lo tomo aún adormilada y caigo en cuenta de que tenía más de cincuenta llamadas perdidas de August y muchos mensajes por parte de mi suegra, los que oscilaban entre el “vuelve, Ema” y “vete a la mierda, mal agradecida”. Por supuesto no contesto la última llamada de August, ni tampoco ninguno de los mensajes que tenía de ellos, por el contrario los ignoro dejando en visto y luego de estirarme en aquella enorme cama que Derek había dispuesto para mí, me pongo de pie. Hace mucho tiempo no lograba descansar de este modo, y me sentía tranquila, pues confiaba a ciegas en Derek y en que juntos lograríamos ganar el juicio compensatorio. Salgo de aquella habitación en la que Derek me había dicho que podría sentirme co

