La cabaña se sentía fría y triste, Amaya observaba tras la ventana como caía la nieve de manera lenta y pausada, era como si ella también sintiera la ausencia de Celin, como si el tiempo se detuviera a llorar por el sufrimiento de madre e hija. —Señora, es un poco tarde, creo que debería descansar un poco. —Si Bruno, gracias. Colocando las manos detrás de su espalda, Bruno continuó hablando para hacer sentir mejor a la esposa de su jefe. —El señor traerá de vuelta a la señora Celin, sólo confíe en él. Un suspiro lleno de cansancio apareció en Amaya, se sentó en el borde del sofá con pereza, era como si le doliera pronunciar palabra alguna. —Confío en Kilian, en el que no confío es en Leonel, aprendí que es una mala persona, sólo espero que no le haga ningún daño a mi madre. —N

