La noche había llegado, una noche fría que seguía siendo dolorosa, quizás aquellas características ya nunca cambiarán. — Tienes que comer algo - Maximus La tomó de la cintura. — No tengo hambre - Julieta cerró los ojos al sentir su espalda entrar en contacto con el pecho de Maximus. — No se trata de que quieras o no, se trata de tu salud y no olvides que a Alicia aún la estás amamantando - la voz de Maximus no dejaba oportunidad para réplicas y la mujer sabe que su hombre tenía razón, Maximus le acariciaba el pelo suavemente hasta que Julieta había logrado calmar sus pulsaciones y accedió a comer algo. Unas horas después, la pálida luna cuyo brillo se infiltra sumamente en la habitación, dejaba ver cómo Maximus sostenía fuertemente el cuerpo de su esposa, mañana será un nuevo día,

