Seguía escuchando su conversación y la verdad era que me tenia conmovida. —Aún no estoy preparado, primero debo salir del fango, ser digno de esa mirada, así me dijo el padre y concuerdo con eso. —Se rascó el cuero cabelludo—. Si el señor Dios quiere algo de mí, aún no sé qué es… —Te puso un ultimátum. —dijo Simón, vi el movimiento de cabeza de Roland. —A lo mejor, y como me dijo el ángel. Él de arriba es tan inteligente que sabe cómo captar mi atención, yo creo en muy pocas personas en mi selecto grupo de guardaespaldas en el que incluyo a Inés y en la mujer que estremeció mi existencia, esa que es tu mejor amiga. —señaló a mi amigo. Me tapé la cara, quería ocultar las lágrimas. ¿Por qué llegó a los brazos de Beatriz? ¿Qué fue lo que lo llevó a ella? A esa estúpida zorra y perdóname

