No iba a mandarme, debe entender que no soy un objeto que puede poner en cualquier parte. —No iré contigo a ninguna parte. En dos zancadas llegó a la puerta y la cerró tan fuerte, pensé que la dejaría giratoria. Escuché como volvió a tirar la del apartamento. Las piernas me flaquearon, caí en la cama, no pude contener más las lágrimas, comencé a llorar y llorar temblando de miedo. Pudo haberme matado en ese estado, con la fama que tenía, sin embargo, no lo hizo, prefirió alejarse. Qué quiso decir con: «¿qué parte de mi vida te cuesta entender?» No conozco nada sobre él, ni de su vida, como pretende que lo conozca si tenemos solo unos días de novios. Comencé a balbucear, quería irme a mi casa. Pasaron los minutos, el apartamento me pareció tan frío. No lo sentí llegar, me di cuenta d

