La Protectora de los Cielos I

1729 Palabras
Hace unas semanas atrás, en medio del oscuro bosque, casi al anochecer, una pequeña joven de cabello n***o caminaba sin rumbo, abrigada con una túnica marrón que cubría todo su cuerpo del cuello para abajo― ¡Demonios! ―se quejaba― ¿Dónde está la gente de Monkoi? Llevo dando vueltas desde el medio día―decía totalmente fatigada. La joven sacó un mapa y comenzó a darle vueltas de arriba abajo― ¡No lo entiendo! El mapa dice que debería ser aquí―dijo y se desplomó en el suelo―Estoy agotada…―dijo y sus ojos se comenzaron a cerrar, de pronto visualizó una figura y escuchó una delicada voz que decía “Vi personas marchar hacia Monkoi, debes ir y avisarles, Terra.” Tras escuchar aquello abrió nuevamente los ojos― (Eso dices, pero, no es tan fácil) ―decía y de pronto se recogió de rodillas apoyando su cabeza sobre las mismas― (¿Por qué? Apareces de repente y solo dejas ese mensaje ¿Qué es lo que está pasando?) ―dijo entre si mientras la poca claridad que había se iba desvaneciendo poco a poco―Ya anocheció―se dijo a si misma―Lo que faltaba―se quejó―Ya en serio, ¿Se supone que aquí viven personas―dijo y volvió a mirar a todos, entonces a lo lejos visualizo una débil luz― ¡Oh! Una antorcha―asumió y caminó hacia el sur en dirección a la luz que vio. Con su visión reducida por la oscuridad de la noche la joven hacia el mayor esfuerzo para avanzar por medio de los estrechos espacios que había entre los inmensos arboles del bosque, solo guiándose por la luz que vio antes, la cual se hacía cada vez más fuerte― ¡Bien, ya casi estoy! ―dijo al ver con más claridad que antes. De pronto un peculiar olor golpeó su nariz y la chica se detuvo sorprendida― ¿Acaso es…? ―se preguntaba hasta que miró al cielo y vio una gran cortina de humo n***o que ascendía a los cielos― ¡Un incendio! ―exclamó y apresuró el paso colándose entre los árboles. Tras recorrer unos cuantos metros finalmente salió del bosque y se encontró a unos cuantos metros más con un pueblo donde, efectivamente, un abrasante fuego quemaba todo a su paso. Corrió a toda prisa al lugar, llegó al pueblo cuando de pronto escuchó un gran número de pasos, por lo que rápidamente se ocultó tras las paredes de la casa más cercana. La joven se dio cuenta de que lo que escuchó fue la marcha de hombres armados, pues las botas de hierro hacían un inconfundible ruido al pisar la tierra, también el equipo de los hombres hacia un ruido que la chica identificó al instante. Asomó su cabeza y vio a unos cuantos hombres avanzar por la calle principal del pueblo, la chica colocó su mano sobre el tomo de su espada y justo en el momento que iba a arremeter contra los hombres sintió un suave tirón de su túnica, asustada volteó rápidamente y vio que se trataba de un pequeño niño de cabello castaño, aparentaba unos seis años, sus ropas estaban todas sucias al igual que su cara, que a la vez estaba llena de lágrimas que seguían cayendo sin parar. La joven se calmó y se arrodilló frente al chico, colocó su mano izquierda sobre el hombro del pequeño y con la otra secaba las lágrimas de sus mejillas― ¿Estas bien? ―dijo en el tono más bajo posible, el pequeño solo asintió mientras aún moqueaba―Ven, te sacaré de aquí―dijo y lo tomó de la mano, avanzó, pero el chico no se movió del lugar― ¿Qué sucede? ―decía amablemente. El chico en un tono casi mudo dijo “Papá”. Terra acarició la cabeza del niño y con una sonrisa se dirigió a él―No te preocupes, salvaré a tu padre, pero, debo ponerte a salvo primero ¿De acuerdo? ―dijo sonriente, el pequeño asintió y Terra corrió a toda prisa lejos del pueblo mientras sujetaba al pequeño. Se adentró un poco al bosque y llevó al pequeño a pies de uno de los arboles―Espera aquí ¿De acuerdo? ―dijo y el pequeño asintió un poco más calmado que antes―Eres un niño muy valiente, no te preocupes―dijo y tomó la mano del chico con ambas manos, la acercó a ella y le dio un beso en su mano―Todo estará bien, enseguida vuelvo―dijo y el chico asintió, le sonrió una vez más y se dio la vuelta una vez más hacia el pueblo. Terra avanzó poco a poco hasta el pueblo, una vez allí avanzó lentamente por este ocultándose entre las casas que aún estaban intactas. A medida que avanzaba iba encontrando personas desangradas tiradas en el suelo, tanto hombres como mujeres y niños. No evitaba sentirse mal por lo que veía y se preguntaba a si misma quien podría haber hecho tal cosa. Seguía avanzando evitando ser vista por hombres con armadura que aun rondaban por el lugar, también comenzaba a escuchar gritos que iban disminuyendo con rapidez. Las piernas de la chica temblaban, pero aun así siguió adelante. Finalmente llegó a lo que parecía ser la salida sur del pueblo. Avanzó hasta los escombros de un puesto de vigilancia donde había hombres degollados, iban con armadura por lo que asumió que se trataba de los centenales, miró con sumo cuidado y las afueras del pueblo vio a un gran número de hombres reunidos. Algunos de ellos sujetaban a un hombre de cabello oscuro que vestía de traje, pegado de rodillas en el suelo― (¿Ese es el jefe del pueblo?) ―se preguntó a sí misma. De repente un hombre de cabello n***o que vestía una armadura oscura se paró frente al hombre de traje, el cual le miraba con un fuerte odio reflejado en su rostro― (Ese hombre…creo que lo he visto antes) ―dijo refiriéndose al hombre de armadura. El hombre de cabello n***o se acercó al sometido y le dirigió unas palabras―Así que eres tú, Lirio Delbee―decía con una grave voz. El hombre de traje no dijo nada―Mira todo esto―dijo señalando al pueblo―Ustedes son el pueblo que protege a Monkoi ¿No es así? Y, aun así, han caído sin más contra nosotros―dijo y el hombre volteó la mirada―Así es, ¿Y dónde están ellos ahora? ¿Dónde están tus protegidos ahora? ¿Lo sabes? Ellos están allí, durmiendo en sus cálidas camas mientras tus compañeros reposan en el frio suelo manchado con su propias sangre―dijo y el hombre se enojó aún más―Ustedes han caído y ellos ni siquiera lo saben, solo lo sabrán cuando vean a mi ejercito entrar por sus puertas, justo en ese momento ya será tarde para lamentarlos a ustedes, solo les importara cuidarse a ellos mismos. Así que dime ¿De verdad protegerás a personas así? ―preguntó. ― ¡Ese es mi trabajo! ―exclamó y todos los presentes rieron a excepción del hombre que le hablaba, el cual hizo una señal con la mano para que todos guardaran silencio. ― ¿Te gusta proteger a los demás entonces? Veo que tienes una fuerte voluntad, así que te ofrezco algo―dijo y sacó una espada y la apuntó hacia el hombre, de pronto la espada comenzó a emitir un brillo―Eres fuerte, más que cualquiera de los que están allí adentro, usa ese poder para proteger a alguien que vele por ti. Pelea para mí, y yo te protegeré a ti, yo te daré el poder para defenderte y para defenderme a mí. ¡Lucha con nosotros y cambiemos este mundo, juntos creemos un mundo donde nadie deba morir por los demás, donde cada quien pueda velar por su propia vida, protégeme ahora, para que no tengas que proteger a nadie nunca más! Te dejare pensarlo―dijo y dejó caer suavemente su espada sobre la cabeza del hombre. Tras hacer esto la espada dejo de brillar al mismo tiempo que el hombre de traje cayó al suelo.   ― (¿Qué acaba de pasar?) ―decía Terra sin entender la situación― (Debo salir de aquí) ―se levantó y camino con rapidez a la calle principal. ―Oye―se escuchó una fuerte voz y la chica se detuvo, volteó lentamente la mirada y vio a un hombre con una armadura amarilla con un cabello n***o cubriendo uno de sus ojos― ¿Quién eres? ―dijo apuntándola con su espada y la chica rápidamente cubrió su cara con la capucha de su túnica. ― (No me reconoció, perfecto) ―dijo aliviada― (¿Qué hago? ¿Puedo enfrentarlo? Si llamó la atención, ese hombre de n***o…) ―dijo entre si y tras pensarlo sacó su espada. El hombre sonrió y miró firmemente― ¿Quieres luchar? Eres valiente, pequeña―dijo y preparó su espada―De acuerdo, ven―dijo y su espada de pronto comenzó a recubrirse de rayos. La chica retrocedió un poco sorprendida por lo que veía. Se quedaron quietos mirándose el uno al otro― ¿Qué pasa? Querías luchar ¿No? ―la provocaba el hombre. ― (Definitivamente no es un rival normal ¿Qué hago?) ―De pronto una fuerte brisa sopló y ambos miraron al cielo, logrando ver una figura alada. ― ¿Un ave? ―dijo el hombre aun mirando arriba. En ese momento Terra echó a correr a toda prisa― ¡Oye! ―dijo el hombre y corrió tras ella, tras unos metros se detuvo cuando vio una fisura en el suelo en la que estuvo por caer― ¿Qué? ¿Eso estaba aquí? ―dijo y vio a la chica alejarse. Apuntó su espada hacia ella y lanzó un rayo a toda prisa. El mismo pasó por un lado de la chica y siguió hasta el bosque― ¿Quién eres? ―se preguntó y se dio la vuelta sin más de regreso a donde estaban los demás hombres. 
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