—¡No se lo dejaremos tan fácil! ¡Ataquen! —Ordenó el líder de los del fuego. Los soldados de Dulaan se lanzaron hacia Ken y Larry con sus espadas en mano y la sala del castillo se convirtió en un campo de batalla, Larry y Ken lucharon para proteger el castillo y demostraron sus habilidades con la espada al inmovilizarlos uno a uno sin ningún esfuerzo. Mientras, la reina fue sacada fuera del castillo e hizo correr la voz de lo que estaba sucediendo, muchos guardias fueron llamados para ayudar a detener a los del fuego, por su parte el rey se quedó combatiendo junto con Larry y Ken.
En medio de la batalla, Larry fue rodeado por cuatro soldados del fuego y luego dos de ellos se lanzaron hacia él, Larry clavó su espada en el suelo y dos columnas de roca salieron del suelo y los golpearon dejándolos inmóviles, otro se lanzó por atrás, Larry se dio la vuelta y lo golpeó con la espada dejándolo derribándolo al suelo, el ultimo iba corriendo hacia él y este simplemente le lanzó la Rock Sword, este intentó atraparla pero al no poder con el peso terminó en el suelo con la espada encima de él, Larry se acercó a el soldado—¡Gracias por sostenerla!—sonrió y dio un puñetazo en la cara al soldado dejándolo inconsciente y tomo de vuelta la espada. Después de derrotar a todos los soldados del fuego solo quedaba su líder.
— ¡¿Cómo es posible?!―Se preguntaba― ¡Cuerda de inútiles! ¡Son solo unos niños! —Exclamó el líder sorprendido por la situación.
—No, son más que eso—dijo el rey—Ellos tienen las Elementals Swords―Señaló—Tienen el poder para hacer pagar a los tuyos, huye, y dile eso a tu líder antes de que me arrepienta de dejarte ir.
El hombre tambaleaba ante las palabras del rey, luego de unos segundos, apretó su puño y se reconforto—¡No necesito tu piedad! —dijo el líder y corrió hacia el cañón que se encontraba fuera del castillo—¡Es más, acabare contigo de una vez! —decía mientras colocaba una bala en el cañón.
Al fondo se escuchó una voz conocida a la que todos dirigieron su atención al momento—Lightning Sword: Thunderbolt—recitaba Ken apuntando con su espada hacia el cañón. De la punta de la espada empezó a formarse una bola de luz amarilla, todos los que se quedaron en la sala se sorprendieron al ver esto.
—(No solo tiene la espada por ser el último de los suyos. Él puede liberar su poder, es un auténtico merecedor de su poder.) —Dijo Larry entre sí, mostrando una pequeña sonrisa.
— ¿¡Pe-pero!? ¡Tu...solo eres...un...! —Tarareaba el líder, asustado y sudoroso al darse cuenta que estaba acorralado.
—Majestad—dijo Ken dirigiéndose al rey—No quiero causar alboroto, usted puede dar la orden de que dispare o no—dijo Ken al rey con un tono serio.
—Ultima oportunidad, vete o muere—dijo el rey dirigiéndose al líder.
— ¡NO!, ¡Prefiero morir a huir! ―Dudaba de sus palabras― ¡Todos ustedes morirán aquí y ahora! —al decir esto saca de su bolsillo un encendedor y prende la mecha del cañón.
— ¡Abajo! —Gritó al rey al ver que encendió la mecha, asustado fue lo único que pudo decir, luego reaccionó— ¡Ken, hazlo! —Ken lanzó un rayo de su espada destruyendo así el cañón antes de que fuera disparado, aun así, la explosión del cañón destruyo otra gran parte de la pared enterrando a el líder bajo los escombros. Al momento de haber pasado esto, mientras se disipaba todo el polvo levantado, llegan guardias a acudir al rey.
—Estuvo cerca—dijo Ken tras soltar un suspiro, aliviado de haber evitado un desastre mayor, entonces guardó su espada.
—Guardias, revisen los escombros, si ese hombre está vivo enciérrenlo ordenó el rey a los guardias reales que recién estaban llegando—También llévense a sus compañeros—Ordenó y luego guardo su espada y volteo su mirada hacia donde estaban Ken y Larry, entonces camino hacia allá—Hijo...—dijo el rey colocando su mano derecha sobre el hombro de Larry y este lo miro fijamente—Ya estas decidido a emprender este viaje, y yo no te detendré, todos los herederos al trono han tenido que enfrentarse a una prueba, sé que podrás con esto, eso sí, prométeme que volverás con vida.
Larry abrazó al rey y con la frente pegada al pecho de su padre le dijo—Sino quien tomaría tu lugar―dijo y el rey soltó una sonrisa―Lo prometo padre.
El abrazo terminó y ambos se separaron, el rey dirigió su mirada hacia ken, lo vio mirando hacia el suelo, deprimido, como si estuviera recordando algo, se paró frente a él, Ken subió su mirada para mirar al rey y este puso la mano sobre su cabeza—No te preocupes Ken, tu padre estaría orgulloso de ti y lo que has hecho, por ahora preocúpate por cumplir lo que te pidió—Le dijo el rey para intentar calmarlo, como si el supiera en lo que Ken pensaba. Ken se quedó mirando al rey unos segundos y soltó una pequeña sonrisa. Tras soltar un suave “Si” asintió con la cabeza.
—Bien, no hay tiempo que deban perder. Ya saben cuál será su próximo destino, vuelvan sanos y salvos, Larry saluda a Terra de mi parte—dijo el rey despidiéndose de Larry y Ken.
El rey se despidió por última vez de Ken y Larry, estos salieron del castillo siendo aplaudidos por los habitantes por haber salvado el castillo, algunos vendedores les regalaron frutas para su viaje, manzanas, naranjas, plátanos e incluso mangos, salieron de la ciudad y les quedaba atravesar el valle rocoso para llegar a su próximo destino.
Caminaron por un poco más de una hora por el valle rocoso que formaba el reino de Erdes, un terreno plano, y como su nombre lo decía, de suelo rocoso, que se extendía treinta kilómetros desde la zona poblada de Erdes hasta la frontera con Monkoi, ambos estuvieron en silenció durante todo el trayecto. Solo se podía escuchar a las águilas que sobrevolaban el lugar.
Tras atravesar el valle rocoso llegaron a la frontera entre Erdes y Monkoi, una pradera que se extendía por no más de un kilómetro, el pasto estaba en su tono más verde, se podía observar algunos árboles y arbustos a lo lejos, donde las pequeñas aves que habitaban la zona construían sus nidos. El sol golpeaba con gran intensidad, caminaron un poco más y se posaron bajo un árbol para hidratarse, Larry sacó un mapa de su mochila y lo observó, se dio cuenta que habían pisado el reino de Monkoi, pero tenían que atravesar esa pradera para llegar a los frondosos bosques del oeste, donde debería estar la zona poblada de Monkoi. En ese momento Larry comentó que, a diferencia de otros reinos, ese era el único lugar habitado, todos sus habitantes se alojaban allí. Ken solo asintió y dijo que ya lo sabía. Así que siguieron su camino.
Larry sentía que uno de los dos tenía que hacerlo, así que decidió romper el silencio e hizo una pregunta a Ken— ¿Cómo fue que paso? ¿Recuerdas algo de lo que pasó ese día? —Que pudo no haber sido la mejor pregunta, pues Larry se refería al día en que Uulen fue atacado. Ken miró a Larry de reojo y no dijo nada, no quería comentar nada acerca de aquello o simplemente no recordaba lo sucedido— ¡Oh!, perdón, Actué sin pensar…no tienes que responder si no quieres…veras yo solo quer...
—Ese día...—susurró Ken y Larry se quedó callado al escucharlo—Ese día yo, había terminado de entrenar con mi padre…―dijo Ken y comenzó a relatar lo sucedido hace ocho años.
Era un día como cualquier otro en la ciudadela de Uulen, las aves cantaban como lo hacían todas las mañanas, en el campo de entrenamiento de la guardia real se escuchaba el sonido de las espadas chocar con los escudos e incluso unas con otras. Los vendedores del pueblo anunciando las cosas que vendían "Frutas frescas" "Pan caliente, lleve su pan caliente" como era de costumbre, Los centinelas como cada hora dieron la señal de que las cosas iban normal fuera de los muros que rodeaban la zona poblada del reino "ocho de la mañana, todo normal" anunciando que todo estaría bien por el momento, luego sonaron las ocho campanadas "talán, talán…" anunciando la hora a las personas del pueblo.
En una pequeña área más alejada del resto, había una casa de madera, con tejas de arcilla. Era más grande que la media, pero sin llegar a exagerar. A un costado de la casa, había un establo con un par de caballos, también un poco más atrás una especie de bodega, también construida de madera. Y justo al frente de la casa había una fachada más, un poco más pequeña que la propia casa, pero bastante espaciosa. Parecía la casa de alguien importante y así lo era, este lugar era la residencia de Tesslak. Comandante de la guardia real y protector de Uulen, título que se le daba al portador de la Elemental Sword de cada reino. Del interior de la estructura antes mencionada se oían algunos quejidos constantes, esto se debía a que el lugar era un dojo de entrenamiento, y los quejidos provenían del único hijo de Tesslak, quien era adiestrado por su padre en el arte de la espada."¡Plaf!"
—¡Ken! ¿Estás bien? ¿Te golpeaste algo? —Preguntó Teslak a su hijo, que había caído al suelo al intentar bloquear su ataque, extendiéndole su mano para ayudarlo a ponerse de pie.
—Estoy bien, tranquilo—Ken sonrió y tomo la mano de su padre para colocarse de pie.
—En ese entonces mi padre no era muy diferente a como soy yo actualmente, tenía el cabello rubio y largo, según él, la única razón lógica de su largo cabello era el verse bien al combatir “la marca de un buen espadachín del rayo es su cabellera” decía mi padre. Tenía ojos cafés y no era muy alto, media cerca de 1.70—describió Ken a su padre.
—Sabes, deberías practicar más ese bloqueo, tienes suerte que estamos practicando con espadas de madera, en un combate real estarías acabado.
Ken se quedó callado por unos segundos—Claro...—dijo rascando su nuca y mostrando la sonrisa menos falsa que le salió—Mejorare eso, tranquilo, ¿Terminamos por hoy? —Preguntó ansioso, como si no quisiera seguir entrenando.
—Pero aun no has mejorado el blo...
—Puedo hacerlo otro día ¿Sí? —Insistió.
Tesslak soltó un suspiro y miró a Ken—Está bien, puedes irte—dijo calmado señalando con su mano la salida.
— ¡Bien! —Dijo y salió corriendo con toda prisa—Vuelvo pronto.
— ¡Ten cuidado! —Gritó Tesslak para que Ken alcanzara a oírlo y suspiró nuevamente—Seguro va a ver a Sasha—dijo Tesslak y soltó una pequeña sonrisa.
Tras lavarse y cambiarse de ropa, vistió con una túnica azul y un pantalos del mismo color, Ken salió a toda prisa de su casa sin mirar atrás, Ken iba corriendo por el pueblo, corría hacia la plaza central, donde sus amigos lo estaban esperando, por el camino más de una persona lo saludaba "¡Hola Ken!" Era una de las formas en que lo saludaban y el devolvía el saludo “¡Hola!” mientras seguía a toda prisa.
Después de correr y correr llego a la plaza algo cansado, se detuvo y colocó sus manos sobre sus rodillas para descansar y recuperar aliento, cuando tomo aliento volvió a pararse normalmente y miró a sus alrededores, observó algunas personas sentadas en las bancas, en otra parte vio a un grupo de niños jugando, también vio a unas personas viendo el monumento en honor a la persona que trajo la paz al continente hace mucho tiempo, era una estatua con el supuesto aspecto de este, por primera vez en su vida se interesó en ese monumento, así que se acercó para mirarlo más de cerca, mientras lo miraba parecía estar en otro mundo, no podía quitar la mirada de aquel monumento, como si estuviera pensando "¿Quién era esa persona" "¿Por qué no se supo más de él?", lo observo por unos minutos y luego volvió en si—¿Dónde están?—Se preguntó a si mismo mientras miraba a los alrededores.
— ¡Ken! —Se escuchó una voz entre la multitud, era la de una chica, ya que era bastante aguda aparentaba ser de una niña, Ken miro a ver quién lo llamaba, al fin la vio, era una niña que venía corriendo hacia él.
—Su cabello era color castaño, piel blanca, y cargaba un vestido naranja que cubría hasta los tobillos, con un lazo en su cabello que, hacia juego con el vestido, venia sonriendo, demostrando su mayor característica, siempre tenía una sonrisa en su cara, era una persona muy alegre y divertida—describió Ken a la chica.
— ¿Sasha? —Dijo al verla— ¡Oh Sasha! —Le hizo señas para que lo viera.
— ¿Qué tal? —dijo al llegar a donde estaba Ken—Lamento llegar tarde ¿Y Kenny? —decía exaltada mientras miraba a los lados.
—Estoy bien, parece que Kenny aún no ha llegado, que raro—dijo sorprendido ya que Kenny era muy puntual.
—De hecho, llevo esperando aquí desde hace media hora, felicidades Ken, por primera vez no fuiste el ultimo—Sonrió.
—Kenny llevaba puesta una especie de batola marrón que cubría todo su cuerpo excepto su cabeza, como si fuera un monje, Kenny tenia piel blanca, cabello castaño largo hasta el cuello y ojos azules, tanto como un zafiro, tenía lindos ojos, era una persona bastante seria para ser un niño y casi todo el tiempo tenía una cara que lo demostraba, era difícil hacerlo reír, aunque siempre hacía reír a los demás por alguna razón—describió Ken a Kenny.
— ¿¡Kenny!?—Exclamó al verlo— ¿Llevas todo ese tiempo aquí? ¿En dónde te escondías? —Preguntó ya que no lo vio cuando llego.
—No me escondí, estaba junto al monumento ¿En serio no me viste? —preguntó levantando una Cega.
Ken sonrió rascando su nuca—Supongo que estaba distraído.
—Ken ¿Cómo es que llegaste primero que yo? —Preguntó Sasha confusa, ya que Ken siempre llegaba tarde.
—Bueno, le pedí a mi padre que me dejara ir temprano, supongo que aún no entiende que no me interesa ser guerrero y portar esa espada—dio a entender que no le interesaba seguir los pasos de su padre.
— ¿No te interesa? —dijo Sasha mirando a Ken confusa—... ¡Idiota! —Gritó y le dio un golpe por la cabeza a Ken— ¿Como que no te interesa? que no daría yo por portar esa espada, si a ti no te interesa, yo seré la próxima protectora—dijo con una gran sonrisa en su rostro y señalándose a sí misma con el pulgar, estaba muy segura de lo que quería.
Ken sobándose por el golpe que recibió—Bien por ti, pero mi padre no entiende que yo no lo quiero hacer, insiste en entrenarme—dijo Ken, mirando al suelo como preocupado
— ¿Y ya se lo has dicho? —Preguntó Kenny
Ken subió la mirada y miró a Kenny, creyó que era broma, pero vio la cara de Kenny tan seria como siempre, lo miro por unos segundos, un tanto pensativo, hasta que habló— ¿Cómo? —Preguntó Ken, como si no hubiera escuchado lo que dijo Kenny
—Solo digo, si no le dices el nunca sabrá lo que piensas, no es como si tu padre fuera adivino, deberías decírselo, seguro entenderá—dijo Kenny con un tono serio, como siempre.
Ken se quedó mirando a Kenny por unos segundos y luego dirigió su mirada al suelo nuevamente— (Conociéndolo tal vez insista aún más en que siga entrenando)—dijo entre sí, estaba perdido en pensamientos hasta que Sasha habló.
—Cierto, así yo seré la próxima portadora—dijo con una gran sonrisa en su rostro y señalándose a sí misma con el pulgar nuevamente— ¿Verdad? Kenny.
—No creo que tú puedas llegar a portar esa espada, o cualquier otra—dijo y dirigió su mirada hacia Sasha.
— ¿Eh? ¿¡Y a ti quien te pregunto!?—Dijo Sasha y le dio un pequeño golpe en el hombro.
Discutieron por un pequeño tiempo sobre eso, Ken no pudo evitar sonreír al ver sus dos amigos discutiendo por esa razón, terminaron de discutir y empezaron a hablar entre ellos de todo un poco. “¡Diez de la mañana, todo normal!" grito uno de los centinelas, anunciando la hora, luego sonaron las diez campanadas "talán, talán… " todo estaba normal fuera de la ciudad.
— ¿Ya ha pasado una hora? —Preguntó Ken, un poco sorprendido por lo rápido que pasó el tiempo.
—Así parece—afirmó Kenny
Sasha se quedó un poco pensativa, como si se hubiera olvidado de algo—¡Oh cierto! —reaccionó—Me tengo que ir chicos—dio un abrazo para despedirse a ambos y hecho a correr.
—Espera Sasha—Dijo Ken y Sasha se detuvo— ¿A dónde vas? —Preguntó, tenía curiosidad de que se fuera tan de repente.
Esta se quedó callada un momento— ¿Lo olvidaste? —Preguntó, viendo que Ken no reaccionaba se lo recordó—Hoy vuelvo a Monkoi—Ken se quedó perplejo al oír la noticia y no dijo nada.
—Ahora lo recuerdo—añadió Kenny.
— ¿¡También lo olvidaste!?—Gritó a Kenny, ambos habían olvidado que su amiga volvía a su hogar después de un tiempo.
Ken reaccionó y volvió a hablar— ¿Y cuando vuelves? —Preguntó ansioso de saber la respuesta.
—Volveré más pronto de lo que creen, no lo olvides ¿eh?, tu tampoco Kenny—dijo y echó a correr nuevamente. Su madre la estaba esperando en la salida del pueblo, al llegar allí miro hacia donde estaban parados y gritó para que la escucharan desde allí—¡Cuídense, nos vemos pronto! —dijo esto y salió junto a su madre del pueblo.
Ken se quedó mirando a lo lejos, viendo como uno de sus amigos se alejaba de el por un tiempo, por alguna razón sentía que quería correr y detenerla, o irse junto con ella, por algún motivo no quería que Sasha cruzara esa puerta. Sus labios comenzaban a tambalear y cuando estaba a punto de decir algo el momento fue interrumpido por Kenny.
— ¿Por qué no se lo dijiste? —Preguntó Kenny mirando de reojo a Ken.
— ¿De qué hablas? —Dijo ken, fingiendo que no sabía de qué hablaba Kenny.
—Sabes muy bien de que hablo, ahora tendrás que esperar volver a verla para decirlo, ¿Algún día se lo dirás? —Preguntó nuevamente.
—¿Por qué no te callas? —Dijo Ken, ya le estaban fastidiando las preguntas de Kenny.
— ¿Y ahora que se supone que hacemos? —Preguntó como si necesitaran a Sasha para saber cómo distraerse.
—Me siento algo cansado por el entrenamiento con papá. Supongo que iré a casa ¿Vamos? —dijo aún desconsolado y avanzó para ir camino a su casa. Kenny asintió y le siguió. Mientras avanzaban no dejaba de mirar atrás, a la puerta de la ciudadela hasta que finalmente al dejar la plaza la perdió de vista.
Salieron de la plaza y caminaron por todo el pueblo, donde había una gran cantidad de casas, puesto que Uulen era de los tres reinos más habitados junto a Duulan y Els. Ken y su amigo caminaron por toda la calle principal sin dirigirse la palabra durante todo el tiempo que les tomó llegar hasta la casa de Kenny. Una vez allí, se pararon frente a su casa para despedirse—Bueno llegamos, ¿Te veo mañana? —Preguntó Kenny a Ken.
—Supongo—dijo y se quedó unos minutos callado—mejor nos vemos más tarde, vendré por la tarde con algo para hacer —dijo Ken, intentando buscar algo con que pasar el rato más tarde.
—Está bien—dijo Kenny y camino hacia la puerta de su casa, cuando de pronto escucho una voz y se detuvo.
—Ken—dijo un hombre adulto, era de piel clara, alto, cabello n***o largo por debajo del cuello, el hombre tenía un ojo rojo y otro amarillo. Traía puesto una armadura de guerrero, debajo de esta cargaba una vestimenta amarilla, como todos los guerreros de Uulen, se trataba de un capitán del ejército de Uulen, su nombre era Ur—Tu padre te está buscando Ken—dijo Ur dándole la noticia.
— ¿En serio? —dijo Ken sorprendido—Bueno supongo que me voy, nos vemos Kenny—dijo despidiéndose de Kenny y camino en dirección a su casa.
De pronto el sonido de la multitud se atenuó ante un estruendo― ¡Nos atacan! —Gritó un centinela y todos en el pueblo asustados empezaron a correr para refugiarse, a los vendedores no le importó dejar sus puestos para irse, las mujeres en la plaza a toda prisa tomaron a sus hijos y echaron a correr.
— ¿Nos atacan? ¿Pero quién? —Preguntó Ken después de detener su marcha.
Kenny miró hacia arriba y visualizo justo cuando una gran roca prendida en fuego paso por encima de la muralla que rodeaba la ciudad, lo primero que hizo fue apartarse del lugar en el que estaba parado y se paró junto a Ken, desgraciadamente para Kenny..."¡Paf!"...la roca cayó directamente sobre su casa, quedando completamente aplastada mientras la roca aún ardía. Kenny quedo mudo, sin saber cómo reaccionar, sus padres habían quedado aplastados debajo de esa gigantesca roca—Mamá...Papá...—dijo Kenny mientras hacia un esfuerzo para caminar hacia la casa, su voz apenas se escuchaba entre los gritos de la muchedumbre y las lágrimas corrían por sus ojos como las personas corrían por las calles del lugar—... ¡NO! —gritó al cielo desesperadamente, cayendo sobre sus rodillas y halando su cabello de tal forma que parecía que en cualquier momento se lo arrancaría todo de un jalón. Ken que veía la escena, comenzó a acercarse a su amigo, sin siquiera saber que podría decirle para intentar calmarlo, hasta que Ur lo tomó del brazo y le detuvo.
— ¡Ken corre a tu casa! —Ordenó Ur a Ken, Ken volteo a ver nuevamente a su amigo y Ur le seguía insistiendo, entre el miedo del momento el chico no se negó y echó a correr—Chico ven conmigo—tomó Ur del brazo a Kenny y lo llevo consigo para refugiarlo, iba corriendo, avisando a los soldados que llegaban que se prepararan para defender el lugar— ¡Apresúrense, estamos siendo atacados! ...Nos tomaron por sorpresa ¿Cómo lo hicieron? presiento que esto terminara mal chico —dijo Ur de forma que Kenny lo escuchara.
Por otra parte, Ken iba corriendo asustado, intentando esquivar a la gente que corría en la dirección opuesta a la que iba el, mientras veía la desesperación en sus caras y pensando en que tal vez él tenía esa misma cara. A menudo le derribaban, pero él se ponía de pie nuevamente, sabía que si se quedaba allí podrían aplastarlo. Seguía corriendo, pensando en cómo terminaría todo, pensando en que los padres de Kenny habían muerto, y que él quería confirmar a toda costa que su padre se encontrara bien.