Viernes. Acomodada en mi silla de recepción fui recibiendo a cada persona que llegaba y se iba del hotel. El día estaba ajetreado dado que se aproximaba el fin de semana y el hotel estaba hasta los topes. No habíamos dejado de recibir llamadas para reservas durante toda la mañana y de atender por el mostrador. Cuando salí del trabajo respiré profundamente caminando hacia mi coche. Había llamado a papá en el descanso y me había aliviado oír de sus labios que estaba bien y se encontraba mucho mejor. Le darían el alta por la tarde y guardaría reposo en casa. Algo que ponía a Mathew más contento. Papá era un trabajador empedernido, amaba su trabajo y aquello le permitía trabajar desde casa bajo la supervisión de Amber, por supuesto, mamá no le perdería de vista. Después de aquel tremendo sus

