-Solo digo que podías haber hecho el gol si hubieras definido mejor – le decía mi padre a mi hermano, mientras Franca servía la cena. -¿Y yo cuantas veces debo decirte que no tratemos temas del trabajo en la mesa? – le recriminó mi madre a mi padre. Mientras nos disponíamos a cenar, escuchamos a lo lejos unas sirenas de autos policiales para minutos después escuchar el timbre de la mansión, e inmediatamente todos nos miramos, extrañados. Mi padre se levantó a abrir la puerta, y mi madre, mi hermano y yo no evitamos levantarnos del comedor para ver qué rayos ocurría. -¿Esta es la vivienda de Ian Harrison-Wood, verdad? – preguntó un agente de policía, que apenas vio a mi hermano, ingresó a la mansión junto con otro oficial, sin importarles tener que empujar a mi padre. -Ian Harrison-Woo

