*Jane* Eli entró a la habitación con un pote de helado en una mano y varias carpetas en la otra. Su bolso también tenía más carpetas. —¿Cómo te sientes? Realmente no quería contestar eso. —Perdón. Ella dejó todo en la punta de la cama y me abrazó. Quería que sea la última vez. Quería que el dolor se fuera. —Todo va a estar bien. Esa sonrisa no perdía el brillo. ¿Cómo era posible que ella siga sonriendo? —Lo sé, hay algunos papeles que quiero que revises. Eli tenía un don para seguirme la corriente. Sabía que seguir con el lado sentimental era inutil. Eli empezó a acomodar a mi alrededor los distintos documentos y la charla se volvió sobre economía y empresas. Era seis y cuarenta cuando empecé a notar que ella miraba demasiado su teléfono. —¿Esperas algo? ¿O te aburro? Ese

