Allí estaba yo, acostada al lado de mi bestia, sintiendo que el mundo se me viene abajo, sintiendo un nudo en mi garganta. Ese no era mi Damon, lo veía indefenso, con un vendaje y con una respiración entrecortada, está habitación se había vuelto una sala de hospital, bese su frente y me quedé dormida. No sabría decir qué hora era cuando escuché la puerta, el cuerpo me pesaba y un dolor de cabeza acaba mi ser. Tenía la esperanza de que todo fuese una mala pesadilla pero, mis ojos se encontraron a Damon allí, dormido por los sedantes que quizás le dieron, me levanté con sumo cuidado y camine hasta la salida para abrir la puerta. Uno de los hombre de la mañana se encontraba esperando con una bandeja de medicina y una taza de café. -Señora Smith, tenga – me entrego el café – un poco de cafe

