Narra Abdiel No me di cuenta cuando llegue a la hacienda, solo tenía ganas de sacar el dolor que sentía por dentro. Tomé una pequeña mesa de la sala y lance contra la pared, luego tomé otro objeto y lo lance también, necesitaba destruir cosas, para liberar mí rabia. Solo recordaba sus palabras en mí mente. ¿Qué más podía hacer para que ella se diera cuenta que mi amor es más grande de lo que se imagina? ¿Por qué estaba buscando excusas o defectos en nuestra relación si todo estaba bien? ¿Qué más quería de mi cuando ya le entregado mí corazón? —¡Maldita sea! —grite furioso de la impotencia. —¿Esta bien patrón?—me preguntó Tomasa, quien se había asomado tímidamente. —Solo déjame solo, no dejes pasar a nadie—le dije sin verla. —Si patrón—respondió con la voz apresurada. Cuando se fue,

