Cass PoV. La suavidad del pasto roza mis mejillas enrojecidas, acaricia mi cuello y mis hombros desnudos. El viento pasa cosquilleando las plantas de mis pies descalzos y haciendo que mis cabellos se eleven con la brisa. Inspiro el dulce aire cargado con el confortante aroma de la mezcla de flores silvestres y pino. Cierro los ojos y sonrío. Todo parece tan perfecto, tan irreal. Es tan etéreo pensar que una semana atrás me debatía entre la vida y la muerte gracias a la bala infectada que Tanya me había disparado al momento de salir del burdel. Resulta que después de que ella me disparara por primera vez, mi padre se había entrometido en la trayectoria de la bala, dando su vida en lugar de la mía; un gesto bastante noble, pero que sigue sin conmover mi corazón hacía él. Enzo me había dic

