NARRACIÓN
A la mañana siguiente el olor a tocino despierta a Madison, lo cual la hace sonreír. Se estira y abre poco a poco los ojos, para luego levantarse de la cama y salir a la cocina, donde un concentrado James prepara el desayuno.
- Buenos días – le dice mientras se acomoda en un taburete en el mesón.
- Buenos días – le responde con sequedad, mientras sirve tocino en un plato.
- Huele delicioso, veo que eres bueno cocinando.
- Tengo varias habilidades.
- Oh, un chico con talento. Me gusta.
- Se llama ser un adulto funcional – coloca un plato frente a ella.
- Uy, qué carácter. Veo que amanecimos de mal humor.
- Dormí pésimo, gracias a alguien.
- ¿Yo? – se señala ofendida. – Pero si dormí como un ángel.
- Del infierno, no recordaba pateabas tanto.
- ¿Pateé?
- Y hablaste dormida.
- ¿Hablo dormida?
- Peleas dormida, con tu papá.
- Ese hombre hasta en mis pesadillas me persigue.
- Decías algo de un collar.
- Maldito collar – dice haciendo un puchero, mientras muerde un trozo de tocino.
- ¿Es el que tenías en tu habitación?
- Ajá.
- ¿Por qué te persigue hasta en sueños?
- Es algo… nuestro. Me lo dio de niña, lo usaba todo el tiempo. Era nuestro símbolo de confianza decía él.
- ¿Por qué dejaste de usarlo?
- Pues porque no confío en él – le hace una mueca, como si hubiera preguntado lago tonto.
- Aish – pone los ojos en blanco, se sirve un plato y se sienta a su lado. Comen en silencio.
- No le daré el gusto – dice finalmente - no voy a usarlo.
- Me da igual.
- Trabajas para él, ¿no deberías convencerme?
- Es un collar, qué importa si lo usas o no.
- Oh – levanta una ceja.
- ¿Qué? – la mira con desconfianza.
- Nada.
- ¿Qué no me estás contando?
- Nada – sonríe.
- Solo lo haces por molestarme, ¿cierto?
- Quizás… - lo mira. – O quizás no.
Tras la charla del desayuno, James queda curioso sobre el collar, el cual busca analizar. Para su mala suerte, Madison ha decidido llevarlo puesto, viéndolo victoriosa todo el tiempo. AL paso de unos días y la vida en la cabaña va tomando cotidianidad, turnándose para preparar el desayuno, lavar platos, ropa. Extrañamente para ambos, las actividades diarias se vuelven momentos felices, donde intercambian conversaciones, empiezan a hacerse bromas y las risas poco a poco aparecen entre ambos.
La vida se vuelve más divertida cuando descubren varios juegos de mesa, los cuales pasan a ser una actividad después de la cena, en la que James demuestra es un pésimo perdedor y Madison aún peor como ganadora.
- Pero cayó en verde - grita James.
- Gris, ¡eso es gris! – contraataca Madison.
- ¿Eres daltónica? ¿Te crees gato? ¡Como va a ser eso gris!
- Lo dice el que le sigue llamando azul al turquesa.
- ¡Es azul! – revuelve todo y le enseña la ficha.
- Esto es azul – revuelve más las cosas y saca otra ficha, enseñándosela directamente en la cara - esto es turquesa.
- Este es turquesa – le muestra otra ficha.
- ¡Eso es menta!
- Es un jugo estúpido – James se pone de pie dispuesto a irse.
- Quizás tú eres el estúpido – responde ella, poniéndose de pie también. Ambos se ven molestos. - ¿Quieres jugar una nueva partida?
- Bueno.
Vuelven a sentarse y re inician la partida sonriendo, resultas divertidas las peleas cuando están juntos. Cuando terminan de jugar, recogen todo y se sientan en el sofá con unas cervezas.
- Es raro verte beber – Madison lo observa.
- Usualmente evito beber en el trabajo, pero este trabajo no es nada normal. Así que creo puedo hacerlo.
- ¿Por qué estás tan empecinado en esta misión? Cualquiera se hubiera cansado de mí hace mucho.
- Créeme que he pensado atarte a un árbol y dejarte ahí – Madison frunce el ceño y hace una mueca de fastidio, James sonríe. – Pero, esta es la misión más importante de mi vida.
- ¿Sí? – lo mira ilusionada, James le responde con la misma mirada, hasta que nota la escena y cambia el rostro.
- Sí, porque es mi última misión - responde sin mirarla. – Cuando estés a salvo podré retirarme.
- ¿Enserio vas a retirarte? – su voz es de sorpresa.
- Eso espero – su voz está llena de nostalgia. – Saldré del radar y voy a desaparecer, para volver a iniciar una nueva vida lejos de mi pasado – bebe un sorbo de su cerveza.
Madison se queda en silencio, no entiende por qué esto le causa tanta tristeza. Va a estar a salvo, va a tener una vida, pero la idea de nunca más verlo, oprime su pecho.
- Y, ¿qué planes tienes en tu retiro? – trata de no demostrar cuánto le afectó.
- Creo que ya te lo había dicho. Quiero vivir cerca de un lago, o quizás del mar – sus ojos se iluminan – pasar en un bote pescando, sin preocupaciones, sin tener que estar a la defensiva o planificando misiones.
- Sin armas y sin peleas, ves – este le sonríe. – Una vida tranquila y feliz – le acerca su lata de cerveza para brindar.
- Está bien, tú ganas – choca su lata, en un improvisado brindis. – Dejaré de presionarte para que aprendas a defenderte, pero si te matan.
- Será enteramente mi culpa, asumo mi responsabilidad – ríen. – Te voy a ayudar James – lo mira – te voy a ayudar. Quizás uno de los dos pueda ser libre, así que haré todo lo que está en mis manos para que tu misión salga perfecta – la observa conmovido.
- Había olvidado lo dulce que puedes llegar a ser – la mira, sus ojos están llenos de sentimiento.
- Shhh – se lleva un dedo a sus labios. – No se lo digas a nadie.
Muy temprano en la mañana, James se levanta a correr, está por salir cuando una deportiva Madison lo alcanza.
- ¿Te caiste de la cama?
- Sí – le enseña un moretón en su brazo - pero eso no importa, he decidido ser tu coach.
- ¿Mi coach?
- Ajá – estira un poco. – Me quedé pensando en que esta será tu última misión, así que debo hacer que valga totalmente la pena. Es así que decidí – se coloca sus manos alrededor de la cintura – que te voy a entrenar para ser una persona normal en tu nueva vida, mientras me convierto en tu amiga.
- Tú, ¿mi amiga?
- Así es – asiente.
- ¿Y me enseñarás a ser normal?
- Obvio – vuelve a asentir.
- ¿Tu apellido no es Harris por si acaso?
- ¿Por qué preguntas eso? – frunce el ceño.
- Es que el parecido es asombroso, en la personalidad y delirios.
- Ey – le da un manotón. – Te lo dejaré pasar, porque asumiré es la emoción del momento.
- Ok, si quieres acompañarme a trotar está bien. Pero, ¿podrás con el ejercicio?
- Por favor James – inicia el trote – yo pude participar en las olimpiadas si lo hubiera querido.
- Bueno – empieza a marcar el paso – vamos entonces.
Tras treinta minutos, en los que Madison se detuvo seis veces, perdió el aire cuatro y vomitó una vez, regresan a la cabaña con ella sobre sus hombros.
- Creí que ibas a las olimpiadas.
- Estupido trote, no puede ser posible que pueda hacer tantas brazadas en la piscina y una simple caminata me venza.
- Porque estamos a mayor altura. Debiste calentar más y empezar por algo más sencillo – da un pequeño salto para acomodarla, esta se sostiene de su cuello.
- Lo lamento, creo que no es mi día.
- Está bien, fue divertido. Hasta que vomitaste.
- Le pediré a mi papá incluya el costo de tus zapatos en tu pago – James ríe.
- Solo, no te forces. Mantén tus límites para que no te lastimes, ¿está bien?
- Promesa – suspira. – Por cierto, hueles muy rico.
- Gracias, tu…
- Huelo a vomito.
- No quería decirlo, pero sí – ríen.
- Prometo ser una mejor roomie, te doy mi palabra. Perdón por no entender lo importante que era esto para ti.
- Está bien.
- Papá me lo dijo una vez, ninguno de sus amigos había llegado a los treinta años. De verdad quiero que llegues a cumplir treinta James – se apega más a su espalda.
- Gracias Madison – continua caminando, este lado de ella es más peligroso para él que cualquiera. Porque lo hacía pensar si llegado el momento, podría desaparecer de la vida de ella.