Llegada las cinco de la tarde, la hora fijada para la celebración de la boda. Todos emocionados porque en mucho tiempo habíamos tenido una celebración similar, desde la celebración del matrimonio entre Iliang y yo. En aquella oportunidad porque me estaba casando obligado y no pude vivir la emoción de lo que es casarse como bien lo hará mi hermanito Anthoni, enamorado, por voluntad propia. En mi caso, la mezcla de rabia y luego la necesidad de proteger a Iliang fue lo que me arrastro a aceptar casarme con ella. Ahora verme como me encuentro al día de hoy, es historia. Una historia que tuve que grabarme a fuerza para comprender lo indispensable que es Iliang para mí. Hoy en día vivir sin ella me es imposible. No difícil sino imposible. Ver a Anthoni como anda de un lado para otro, impecab
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