CAPÍTULO 32 IMPOSICIONES Al final del día, cené sola, David seguía conversando con el Señor Harrison, esa noche me invadió mucho sueño, fui a dormir como a las nueve de la noche, no quería tener contacto íntimo con David, no sin antes inyectarme el anticonceptivo que me traerá la doctora mañana en la mañana. Sentí cuando mi esposo se recostó a mi lado y me abrazó, menos mal él también se veía cansado, ambos nos quedamos profundamente dormidos. En la mañana bajamos a desayunar, mi ansiedad estaba por hacerme estallar, pensé… ¿Por qué simplemente no sigo con los anticonceptivos inyectables? David jamás se daría cuenta que me los aplico. –Pensé mientras jugaba con las frutas en trocitos de mi plato– —¿Sucede algo Sara?, te ves muy pensativa. –Su voz es como un despertador en ese momento–

