CAPITULO 40 DOS DEMONIOS Cuando llegamos al consultorio, mi doctora de cabecera, no se encontraba, fui atendida por su reemplazante, cuando preguntó lo sucedido contesté: “Quisimos tener una noche diferente, con unos juegos eróticos, y con copas de más, nos pasamos”, el rostro de David fue de sorpresa, podía acusarlo, pero mantendría mi mente fría para no bajar la guardia. Me recetó un ungüento y unas pastillas para las molestias. Cuando salimos de la clínica, como todo un caballero, David me abrió la puerta del auto, yo subi y ambos volvimos a la casa en un silencio casi hasta lúgubre. —Sara, por favor perdóname. —Me mira de reojo— No volveré a ser brusco contigo, en verdad estaba enfadado, molesto, además que te deseaba de una manera de la que ni te imaginas. —Su voz se torna quebrada

