Interferencia

2815 Palabras
El dragoncito se ha hecho bolita y duerme en mi regazo. El calor que irradia me calienta los muslos mientras leo con interés los libros que me ha traído Kai. Quiero aprovechar el tiempo antes de que Damon regrese por mí. Apenas he comido y aproveché para alimentar a mi dragón con al pan que me han dejado en la charola. Mi interés me lleva a sumergirme en los libros de historia, que absorben toda mi atención. Mientras acaricio las suaves plumas blancas del dragoncito que gruñe levemente sobre mi regazo, leo sintiendo cómo mi mente se inunda con un torrente de emociones que me corta el aliento y me aleja de la horrible realidad en la que estoy; “Los Elfos Drow fueron una antigua y poderosa civilización que habitó el mundo Feérico hace miles de años. Su piel era de un blanco iridiscente y se creía que los Drow más antiguos poseían ojos de un rojo intenso. Destacaban por sus habilidades físicas, como su gran destreza en el arte de la pelea y la estrategia, capaces de atacar entre las sombras a sus enemigos. Sin embargo, los poderes de los Drow iban mucho más allá de las habilidades mágicas comunes; eran conocidos por su capacidad para controlar y manipular la sangre. Fueron los primeros habitantes del mundo Feérico, prevaleciendo durante miles de años antes de la llegada de los Elfos de plata, quienes se sobrepusieron a todo para derrocar a los oscuros Drow y tomar el control de las tierras Feéricas…” Un escalofrío me recorre la espalda mientras leo. Mis nervios se alteran con cada palabra que repaso; no puedo evitarlo. Mi pulso se acelera y mi interés crece aún más. Esto no hace más que alimentar mi curiosidad sobre mí misma. Me muerdo las uñas con ansiedad mientras indago en mi memoria. Hasta donde puedo recordar, que no es mucho, soy hija de humildes campesinos de una austera aldea no muy lejos de Hellbula. Aún tengo en mi memoria el ataque de los trasgos… Mis padres murieron protegiéndome y, a los siete años, logré escapar, vagando por el bosque en invierno hasta que fui encontrada por Nasdan. Aprieto los ojos y suelto un profundo suspiro mientras mi dragón duerme en mi regazo. Pienso más y fuerzo a mi memoria para encontrar más respuestas, pero no recuerdo nada desde unos pocos días antes del ataque a mi aldea. No tengo la más mínima idea de lo que era antes de eso. Frunzo el ceño. Mis padres no pudieron ser Drows; es imposible. Solo eran una pareja de campesinos que trabajaban la tierra todos los días. Yo... Me rasco la frente, fijando mis ojos en el texto. Sé que algo no cuadra en todo esto; falta una pieza y no tengo la más mínima idea de cuál es. "Si en realidad soy una Drow, ¿por qué Nasdan nunca me enseñó magia? ¿Será que siempre lo supo? ¿Mis padres realmente son mis padres? ¿Por qué los Drow se extinguieron? ¿Hay más como yo en algún lugar?" Jadeo y la cabeza me punza, me sobo la frente y paso unas cuantas hojas del libro totalmente sobre informada. Apenas he leído algo y tengo más preguntas que respuestas, mi corazón golpea en mi pecho, la confusión me inunda. Pero el constante ronroneo de mi dragoncito agita mis nervios, calmándome. Necesito más información, más respuestas, por lo que hojeo echando furtivos vistazos en el libro buscando algo que pueda interesarme. Ruedo mis ojos y no leo más que letras, miles de ellas. Paso un par de hojas que muestran un dibujo de un Drow, en el que señalan sus características con flechas. Una opresión en mi pecho se hace presente y me paso la lengua por los labios. Siento que estoy por estallar, es mucha presión y aun no sé si sean mis últimas horas con vida. Apoyo mi mano sobre el cuerpecito del dragón en aires protectores. No quiero que lo descubran; quiero protegerlo más de lo que quiero protegerme a mis misma. Acaricio su suave plumaje y el animalito se remolina reconfortado bajo mi palma, abre de a poco sus pequeños ojos, despertando, bosteza y se estira en mi regazo mirándome, sonrió y un sentimiento de melancolía atraviesa mi corazón como una flecha envenenada. Luego, detengo mis dedos al encontrar un título que me llama la atención; “Los dragones alados”, leo. “Los dragones emplumados, o mejor conocidos como monstruos alados, eran criaturas exclusivas de los elfos Drow, y solo podían ser montados por ellos. Criados únicamente para la guerra, los dragones emplumados eran criaturas únicas e inteligentes que vivieron junto con los Drow hasta su inminente extinción, ocurrida mil años después del exterminio de los Drow en el 1200 antes del reinado de los elfos de plata. Sus características eran las de dragones normales, pero en lugar de escamas, tenían plumas. Además, contaban con la capacidad de lanzar largas y potentes llamaradas de fuego. Eran especialmente notables por poseer cuatro alas, las cuales les otorgaban una ventaja en batalla, haciéndolos más aerodinámicos...” Frunzo el entrecejo, dejando de leer para mirar el cuerpecito del dragón que intenta morder los holanes de la manga de mi bata de dormir. Al agarrarlo por el sedoso torso emplumado, reviso sus alas dobladas contra su cuerpo. El dragón se sacude al sentir mi mano hurgándolo. Sonrío cuando gira la cabeza para alcanzar mis dedos con su pequeña boca dentada. Al estirar con cuidado sus alas, encuentro dos pequeños muñones escondidos tras la articulación de las alas principales, donde supongo deben estar el otro par de alas. Las toco con las yemas de los dedos y puedo adivinar que, al ser aún una cría, sus alas traseras todavía están por crecer. Le agarro por la cabeza y me inclino para que me mire fijamente. Sus ojos azules me observan con detenimiento, parpadeando como un ave. —Eres todo un estuche de monerías pequeño— digo mientras rasco suavemente bajo su quijada. El dragoncito emite en gorgoreo de placer, similar al de las palomas, como respuesta. Después, regreso a la lectura, sintiendo cómo mi cerebro almacena la información sobre mi dragón y reafirmando que todo apunta a que soy una Drow. Un nudo se me forma en la garganta mientras continuo mi lectura; “…Fueron dignos oponentes del dragón común, de quien eran enemigos naturales, ya que, al ser extremadamente territoriales, no socializaban con la variante escamosa de su r**a. Como se estudió tiempo después de la extinción de esta r**a, se concluyó que estos dragones desarrollaban una fuerte conexión con los elfos Drow que los montaban. Según comenta la sacerdotisa e historiadora elfa RoseBell, esta conexión se generaba con la eclosión del huevo, momento en el que se permitía que el dragón solo viera a su futuro jinete, creando así una unión increíblemente poderosa. Esta conexión era tan fuerte que duraba incluso más allá de la muerte de cualquiera de las dos partes, ya fuera el jinete o la montura. "Debido al secretismo que rodea el estilo de vida de sus monturas, solo se supone algo sobre la forma en que vivían en esos días. Aún se desconocen muchas de las características básicas de estas criaturas aladas, así como sus modos de vida y alimentación. Se sabe que los Drow compartían esta información valiosa únicamente con los miembros de su propia r**a y que a las demás razas del mundo Feérico no se les proporcionaba ningún tipo de información sobre el estilo de vida Drow, y mucho menos sobre las formas de crianza y desarrollo de sus dragones emplumados..." Lo que leo me abruma, hace que respingue e hile algo de lo que he tejido en mi mente. Mis manos tiemblan y bajo la mirada a mi pequeño dragón; se ha vuelto a hacer bolita e intenta regresar a dormir. Me muerdo los labios mientras me identifico con cada palabra que he leído. Conexión. Eso fue lo que sentí cuando vi sus ojos viperinos por primera vez. La garganta se me seca. Cierro el libro y me levanto del suelo. Acuno a mi dragón en mis brazos; sigue cálido y ronroneando cuando lo recargo en mi pecho. Cierro los ojos mientras apoyo mis labios en el suave plumaje de su cabeza. Aspiro su aroma y la nariz me cosquillea cuando las plumas finas del manto de su lomo, me rozan. “Eres mío”, me digo para mis adentros, sintiendo un amor maternal que nunca había experimentado antes. No quiero que lo alejen de mi lado; sin embargo, ahora no estoy segura de que vuelva a verlo después de mi juicio. Afortunadamente, he pensado en todo y he conseguido que me otorguen permiso para que Calanthia venga a verme antes de que Damon llegue por mí y me lleve a la sentencia de mi muerte. Miro la hora, acuesto a mi dragón entre los suaves almohadones de mi cama y me alisto con mi ropa. Me pongo mis delgados pantalones de licra, me acomodo de nuevo las botas y ajusto mi corsé sobre mi holgada blusa negra con volantes. Me coloco el cintillo y lo siento liviano, sin degolladora colgando de él. Mientras acomodo mi cabello n***o con los dedos, escucho unos sutiles golpecitos en mi puerta que alteran las pulsaciones de mi corazón. Dirijo la mirada hacia mi dragón, quien sigue apacible en su lugar. Me calma el hecho de saber que no se trata de ninguno de los guardias ni de alguien que pudiera irrumpir inesperadamente. Me muerdo los labios al escuchar la voz de Calanthia al otro lado de la puerta y suelto un suspiro de alivio. De inmediato, antes de que los guardias que custodian mi puerta la dejen pasar, cubro a mi dragón con mi camisón para que no sea visible con facilidad. En ese momento, las puertas se abren y mi mejor amiga se arroja a mis brazos entre lágrimas. La estrecho contra mi cuerpo, sintiendo cómo mi coraza se tambalea. Quiero llorar junto a ella, pero me contengo. —¿Por qué no simplemente te quedaste callada? —Lloriquea, con la cabeza enterrada en mi cuello. Suspiro y ella me reprocha—. ¿Por qué me haces pasar por esto, Nikky? —La oigo sorberse los mocos en medio de un ataque de llanto, así que la aparto sutilmente. —A mí también me alegra verte —le digo, y ella se aparta, pestañeando, con el rostro marchito de tristeza. Le agarro las manos y ella se limpia las lágrimas en su hombro. —¡Mierda! No sabes lo preocupada que estoy por ti… —gimotea—. Celadine está intentando persuadir a la familia real para que no te maten. Yo… también estoy hablando con mi eremita, la líder de las sacerdotisas. —La veo tragar saliva con dificultad—. Nikky, lo que pasó… lo que hiciste con tu sangre… —Calanthia —le pongo las manos sobre los labios, silenciándola—. Por favor, necesito que te calles y me escuches, ahora más que nunca. —Le digo, y ella frunce el ceño en un gesto de irritación. La miro fijamente—. Pero quiero que me prometas que me vas a escuchar primero. —Sentencio, y ella titubea; luego asiente con la cabeza después de meditarlo durante unos breves segundos—. Tengo poco tiempo, pero necesito que me hagas un enorme favor. El hada se pasa la lengua por los labios cuando le aparto la mano del rostro. —¿Qué clase de favor? —pregunta, y es en ese momento cuando mis nervios se disparan en mi torrente sanguíneo; mis ojos viajan furtivos hacia el pequeño dragón cubierto por mi bata. La tomo por los hombros y la miro fijamente. —Calanthia... Mi mejor amiga respinga de pronto, sorprendida por la repentina expresión aterrada de mi rostro. —¡Por los dioses, Nicolae, me estás asustando más de lo que ya estoy! —exclama. Mi frente se perla con una ligera capa de sudor. —¡Promételo! —le exijo, y ella me mira durante unos breves segundos. —¡Por los dioses, lo prometo! —mi amiga dice, mientras su pulso se acelera y se marca en su yugular. Finalmente, la suelto. Mis nervios me hacen temblar ligeramente, y Calanthia me observa acercarme a mi cama. Ella da un paso, mirando cómo alargo una mano pálida hacia la manta. Tomo los bordes y aparto mi camisón con cuidado de no despertar al dragón durmiente. Ella resopla al abrir los ojos cuando el pequeño cuerpecito blanco aparece. Sus labios se abren con asombro y yo, la alcanzo para cubrirle la boca con una mano, de nuevo. — ¡Mierda, Calanthia, no grites! —le susurro mientras ella apunta al dragón, con los ojos tan grandes como su cara. —Necesito que te hagas cargo del dragón—. Le digo, y ella balbucea bajo mi palma aplastada en sus labios. Niega con la cabeza, y es en ese momento cuando la suelto. El hada toma aire. — Tiene plumas, ¡Jamás había visto un dragón con plumas! ¿Y cómo mierda es que tienes un Dragón? —susurra con rapidez, sus palabras atropelladas y la realidad apelmazando su cerebro con demasiada información. — ¡Calanthia! —, la tomo por los hombros —necesito que te concentres—. La sacudo ligeramente. —No, Nikky, no me pidas eso… yo no… ni siquiera sé cuidar las plantas, ¡se me secan! —sus ojos chispeantes no dejan de mirarme con asombro —No podré cuidar de un dragón. ¿¡Estás consciente de todo lo que crecen!? —su rostro me observa como si estuviera desquiciada. —Lo sé—. Miro furtivamente a la puerta, mi corazón golpea dentro de mí, siento que me desmayaré en cualquier momento, y la alejo de la entrada, para evitar que el más mínimo ruido logre escaparse de la habitación —Pero, por lo pronto eres la única que puede ayudarme con esto. —Pero, Nikky, no puedo esconder un dragón en el palacio. Sabes qué pasará si lo encuentran…— El pánico se apodera de mí y me quedo sin aliento. —Eh, no—, levanto la mirada hacia ella. —¿Qué puede pasar? — —No lo sé—, berrea como una niña pequeña—. Solo sé que los dragones tienen mucho valor. Sabes que incluso los huevos valen una fortuna. No me imagino lo que este dragón representa. ¡Tiene plumas, Nikky! ¿Las crías de dragón nacen con plumas? — Me restriego la frente con las manos. Me siento frustrada; aún no sé si lo que estoy viviendo es real o si se trata de una horrible pesadilla de la que no puedo despertar. Tengo ganas de llorar, no quiero lidiar con esto, pero aquí estoy. —Solo—, aprieto los ojos y trago saliva con dificultad —Mierda, solo escóndelo mientras no esté. No sé, quizás esto termine pronto y regrese…— —¿Y si no regresas? — me dice, interrumpiéndome. Me quedo absorbiendo mi propio aliento; aún tengo que averiguar si me matan o no. —Calanthia, por favor, ayúdame—. Mi voz se quiebra y mis ojos se humedecen. La herida fresca de mi brazo comienza a punzarme. No puedo más, estoy al borde de romperme, y Nasdan, en su tumba, estará muy decepcionado de verme tan débil. Agacho la mirada y siento cómo mis brazos tiemblan. —Ni siquiera sé quién soy. Ayer apenas sabía que no era más que una criminal castigada a servir de por vida al reino. Ahora—. No me atrevo a levantar la mirada mientras me seco los mocos— Ahora descubro que posiblemente soy una criatura extinta, un alma sin rumbo ni un lugar de origen. No soy nadie, solo un eco de algo que ya ni siquiera está aquí—. Levanto la mirada y ella se sorprende al verme al borde del llanto. —Ese dragón eclosionó del huevo que tengo desde que tengo memoria. Es lo único que sé que es mío, lo que puedo reconocer como mío. Calanthia, no sé qué va a pasar conmigo hoy. Por favor, cuida lo único que me queda—. El hada pestañea, aprieta los labios y las alas que tiene tras su espalda tiemblan, sacudiendo a su alrededor un fino polvillo dorado. Luego me mira con una expresión decidida. —Está bien, amiga —me dice mientras me toma de las manos—. Cuenta conmigo. En ese momento, un ruido evidente de pasos se aproxima por el pasillo, acercándose con vigor a mi habitación. Ambas contenemos la respiración al mirar la puerta cerrada de mi cuarto, sintiendo cómo mi pulso sacude mi pecho. Es hora.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR