Somnoliento, comenzó a abrir los ojos, soltando un gran bostezo , frotó sus ojos y aclaró su vista, aunque la visión borrosa no se iba del todo sabía que su esposo estaba junto a él, lo reconocía por el delicioso aroma de su fragancia. Estiró su mano hacía la mesita de noche junto a la cama, tomó sus lentes y se los puso, entonces pudo mirar mucho mejor a su esposo. Tenía una camisa blanca y un sueter n***o, a pesar de los años, Hela seguia vistiendo tan formal como siempre. Pero no se fijó tanto en eso, sino en la sonrisa que tenía. Volvió a cerrar los ojos y negó con la cabeza. — No, no, no, Hela, no. Escucho la risa de Hela, sintió cómo se acercó a él y tomaba su rostro entre sus manos, acaricio sus mejillas e hizo que lo mirara. — Te odio muchísimo, Hela Nygard – susurró al verlo
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