Mi mirada se disparó hacia la fachada de la iglesia como un misil guiado por láser, buscando la respuesta a la pregunta que llevaba días carcomiéndome las entrañas. ¿Con quién me iba a casar? Mis ojos chocaron con unos azules penetrantes y mis labios se entreabrieron con un pequeño grito ahogado. Los ojos de Ángelo atraparon y mantuvieron cautivos los míos mientras una sonrisa se dibujaba en la comisura de sus labios. Estaba sofisticado y guapo con su esmoquin perfectamente confeccionado. Un hombre a gusto y completamente al mando. Incluso el mechón de pelo rebelde que se le escapaba a menudo se había domado temporalmente. Sus ojos me recorrieron, observándolo todo. Su expresión telegrafiaba sus pensamientos tan claramente como las palabras y una pequeña y resonante sonrisa curvó las com

