5| Una fiera

3312 Palabras
Aleksei no se detuvo a pensar ni un segundo mientras apartaba a Nyx del caos que él mismo había desatado. La música del club seguía vibrando detrás de ellos, pero las luces brillantes y el humo se desvanecían mientras ambos salían por la puerta trasera del edificio. Nyx no protestó cuando él la tomó firmemente del brazo, caminando con seguridad hasta la fila de autos negros que lo esperaban. Pensando que la llevaría a su casa, se dejó guiar en completa calma. No había razón para discutir todavía. Una de las camionetas se acercó rápidamente cuando Aleksei levantó la mano. Sin decir nada el conductor bajó del vehículo y abrió la puerta trasera. Con la cabeza en alto, Nyx se deslizó en el asiento sin darle demasiada importancia al hombre que acababa de ser disparado frente a ella. Estaba acostumbrada al caos que traían consigo las figuras como Aleksei, había crecido rodeada de hombres que controlaban el peligro y lo convertían en poder. Aleksei subió junto a ella, cerró la puerta con un golpe suave, pero decisivo, y el vehículo arrancó en silencio. Nyx giró la cabeza ligeramente, notando la tensión en el rostro del ruso. Su mandíbula estaba apretada, sus manos descansaban sobre sus muslos, pero había algo en su postura, que le demostraba que ese hombre nunca bajaba la guardia. Él no necesitaba decirle que controlaba todo a su alrededor; lo exudaba en cada movimiento. Los minutos pasaron en un silencio incómodo, que se rompió por el ruido de las llantas sobre el asfalto. Nyx se relajó un poco, pensando que pronto estaría en casa. Pero entonces observó el trayecto, las calles que reconocía habían quedado atrás, y ahora la camioneta se deslizaba por un camino que no era el habitual. Nyx frunció el ceño, girando para mirar por la ventana, la oscuridad de la ciudad parecía volverse más profunda. —¿A dónde me estás llevando? —preguntó, con un tono aún moderado, pero con una pizca de suspicacia. Aleksei no respondió de inmediato. Sus ojos se mantuvieron fijos en la carretera, con esa maldita expresión dura que comenzaba a exasperarla. —A un lugar seguro —respondió finalmente, su voz baja y calmada, pero con una autoridad incuestionable. Nyx entrecerró los ojos y su cuerpo comenzó a tensarse. Sabía que algo no estaba bien. —Mi casa es lo suficientemente segura —replicó, tratando de mantener su voz firme, pero su corazón comenzó a latir con fuerza en su pecho. Los ojos ámbar de Aleksei brillaron bajo la tenue luz del auto, mostrando su rostro inmutable. —No esta noche —dijo con simpleza. La frustración comenzó a burbujear en el estómago de Nyx, mezclándose con una sensación creciente de impotencia. Ese hombre, ese maldito ruso, estaba tomando decisiones por ella, sin siquiera molestarse en explicarle. —No eres nadie para decidir dónde me siento segura, Ivanov —escupió como si fuera veneno, cada palabra afilada y desafiante. Aleksei ladeó una sonrisa, una curva cruel en sus labios, pero sus ojos seguían fríos, carentes de emoción. —Soy el hombre que te está protegiendo malyshka (pequeña) —dijo él, el apodo fluyó de sus labios con un tono casi burlón—. Así que cierra la maldita boca —agregó con la mandíbula presionada. —No te pedí que me protegieras —la rabia comenzó a crecer en el interior de Nyx, sus manos se apretaron en puños sobre su regazo—. Llevo toda mi vida cuidándome sola, no necesito que tú ni nadie más me lleve a ningún lado sin mi consentimiento, y no te atrevas a callarme —siseó ella, mientras sus fosas nasales se expandían mostrando que estaba furiosa. —Esto no es una puta solicitud, Nyx —respondió Aleksei con una calma casi cruel—. No me interesa lo que pienses que necesitas —afirmó con tranquilidad. El tono de su voz, ese poder inquebrantable con el que hablaba, era como un puñetazo en el estómago. Nyx respiró hondo, tratando de mantener la compostura. No podía perder el control frente a él, no se lo permitiría. —Basta —ordenó, inclinándose hacia el asiento del conductor—. Llévame a mi casa. Ahora —ordenó. Pero el chófer no la miró. No se movió ni un centímetro, como si ni siquiera hubiera escuchado sus palabras. Los dedos de Nyx se aferraron más fuerte a su bolso y la sangre comenzó a hervir por sus venas. Aleksei se inclinó ligeramente hacia ella, haciendo que el espacio dentro del auto pareciera aún más pequeño. Su proximidad era sofocante. —No me importa si te gusta o no. Esta noche haces lo que yo digo —culminó deslizando su mirada por el atuendo de ella, por la tela de su falda que escasamente cubría sus muslos estando sentada. Nyx sintió que un escalofrío se deslizaba desde su nuca, y seguía por su espina dorsal. Sabía que estaba jugando con fuego, ¡pero maldita sea! no iba a dejar que ese hombre la manejara como si fuera una niña indefensa. La mirada de Aleksei se volvió más oscura, más peligrosa. Se acercó un poco más, hasta que su rostro estuvo apenas a unos centímetros del suyo. El calor de su aliento la envolvió, y el aire entre ellos vibró con un calor asfixiante. —¿Y qué vas a hacer? ¿Secuestrarme? —preguntó deseando golpearlo. Una sonrisa retorcida apareció en los labios de Aleksei, pero sus ojos seguían tan fríos como siempre. —Si es necesario —bramó y aunque no dijo nada más, aquello no parecía una broma. El vehiculo giró bruscamente y Nyx se dio cuenta de que el camino estaba cambiando nuevamente. Miró por la ventana y vio que se acercaban a una torre imponente, moderna, en el corazón de la ciudad. —¿Dónde demonios estamos? —demandó, su voz afilada. Aleksei no respondió. La camioneta se detuvo suavemente frente al edificio, y antes de que Nyx pudiera hacer o decir algo más, la puerta se abrió y uno de los guardaespaldas de Aleksei la esperó fuera. —Bienvenida, malyshka —murmuró Aleksei, bajándose del auto primero, sin perder un segundo. Nyx se quedó sentada un segundo más, apretando los dientes mientras su corazón martillaba contra sus costillas. Pero algo en su interior, una pequeña chispa oscura y peligrosa, estaba tentada a seguir el juego. A ver hasta dónde podía empujar a Aleksei antes de que todo explotara. Finalmente, con una mirada de odio, salió del auto y lo siguió hacia la torre, con los ojos de Aleksei fijos en ella, como un depredador que no iba a soltar a su presa. Aleksei no era estúpido para llevarla al hotel donde se hospedaba, ese mismo que pertenecía al padre de ella. En su lugar, la llevó a un pent-house en una de las mejores zonas. Cuando ingresaron al edificio, el ascensor subió en silencio, cortando la tensión que llenaba el aire entre ellos. Nyx miraba fijamente hacia la puerta de acero, pero podía sentir la mirada de Aleksei en su nuca, como una presencia tangible que quemaba. Sabía que él estaba molesto. Lo había visto en el club cuando el disparo resonó y su mirada helada se posó en el hombre que había osado tocarla. Aleksei no la protegía por algún sentido de caballerosidad; lo hacía porque él no permitía que nadie más se acercara a lo que era suyo. Y, aunque lo odiara, sabía que para él, ella era precisamente eso: suya. No por amor, ni siquiera por deseo, aunque había algo oscuro y retorcido en su mirada cada vez que la veía, lo hacía por orgullo y control. Nyx pertenecía a él porque así se había decidido. Nadie más tenía derecho a tocarla. El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron, revelando el lujoso penthouse. Aleksei salió primero, caminando con una calma contenida, mientras Nyx lo seguía a regañadientes, pronto sus ojos recorrieron el amplio espacio. El mármol n***o y las líneas minimalistas del lugar reflejaban la misma frialdad que él. Las luces de la ciudad entraban a través de las ventanas de piso a techo, pero no ofrecían ningún consuelo. Nyx permaneció cerca de la puerta, sin moverse más allá de la entrada, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Aleksei caminó hacia el centro del salón, quitándose la chaqueta con movimientos lentos. La tiró sobre un sillón de cuero n***o, sin siquiera mirarla. —¿Qué demonios crees que estás haciendo? —La voz de Nyx se rompió el silencio, cortante y llena de enojo. Aleksei se detuvo, dándole la espalda por un momento más antes de girarse lentamente hacia ella. Sus ojos ámbar eran fríos como el acero, sin emociones visibles, pero la oscuridad en su mirada era inconfundible. —Enseñarte que nadie se atreve a ponerle una mano encima a lo que es mío —bramó con su voz gruesa. Nyx se tensó, la sangre hervía bajo su piel. El descaro de sus palabras, su arrogancia, todo en él la enfurecía. Nyx dio un paso adelante, con los ojos brillando de ira. —Yo no soy tuya —espetó—. No soy una pertenencia y tú no eres mi dueño —bramó con los dientes apretados, elevando la barbilla para verlo a los ojos. Él soltó una risa baja, oscura, como si las palabras de ella fueran divertidas, pero no se movió. En cambio, sus ojos se deslizaron por su figura con una lentitud que hizo que su piel se erizara. —Te equivocas, malishka —murmuró con voz grave, usando el apodo que ella empezaba a detestar—. Tú ya eres mía. Desde el momento en que te prometieron a mí, tu destino quedó sellado —sus palabras eran frías, pero llenas de un peligro latente—. Y a partir de ahora, te darás cuenta de lo que eso significa —agregó en una completa amenaza. Nyx sintió cómo la rabia subía por su garganta, pero la mezcla de temor y desafío la mantenía en su lugar. —Si crees que puedes controlarme, estás equivocado. No soy una de tus sumisas ni uno de tus hombres que hacen lo que les ordenas. No tienes derecho a... Aleksei dio un paso adelante, interrumpiéndola. Con su postura imponente y peligrosa, como si el mundo entero tuviera que obedecerle. —Soy tu maldito Pakhan —sentenció—. Esto no es porque me importe lo que sientas. Es porque nadie se burla de mí. Y mucho menos una niñita tonta como tú —soltó con desdén. Nyx respiró hondo, sintiendo la rabia encenderse dentro de ella, pero no podía negar que había algo más, algo que la afectaba más de lo que quería admitir. Aleksei la asfixiaba. Pero bajo esa capa de ira, también había una atracción que no podía ignorar, una atracción que odiaba, pero que estaba ahí, como una pequeña chispa que amenazaba con convertirse en una puta brasa. —Así que eso es lo que soy para ti —murmuró—, una posesión. Algo que puedes controlar —su tono no era indignado, su voz sonó más como un reto. Aleksei se acercó aún más, borrando la distancia entre ellos. La diferencia de tamaño era evidente; él era una torre imponente, mientras que ella, con su pequeña estatura, parecía diminuta a su lado. Pero Nyx no retrocedió. Mantuvo su posición, con la barbilla en alto, desafiándolo con su mirada. —Eres mucho más que eso —respondió Aleksei, inclinándose ligeramente hacia ella, hasta que su aliento rozó su mejilla—. Pero si prefieres verlo así, entonces sí, malishka, eres mía. Y más vale que te acostumbres —declaró con una voz rasposa. Nyx podía sentir su respiración contra su piel, y el peso de sus palabras la envolvía como una cadena que no podía romper. Nyx no sabía qué responder. Su cuerpo estaba alerta, cada fibra de su ser tensándose entre el deseo de apartarse y la necesidad de enfrentarlo. —Si me tocas, te arrepentirás —murmuró ella, cuando él elevó su mano y sujetó su mandíbula. Aleksei sonrió, como si supiera exactamente lo que ella estaba sintiendo. —No necesito tocarte para que entiendas que no tienes escapatoria —dijo suavemente. Creando una nube cargada de excitación, mostrando una energía oscura y primitiva. No había nada suave en lo que compartían. Cada palabra, cada mirada era un enfrentamiento en el que ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder. La atracción, estaba ahí, en el aire que compartían, en la manera en que sus cuerpos reaccionaban al otro. Aleksei dio un paso atrás, rompiendo el contacto visual, como si el momento hubiera sido suficiente para demostrar su punto. Caminó hacia el bar al otro lado de la habitación y sirvió una copa de vodka, su rostro volviendo a su máscara habitual de control implacable. —Te quedarás aquí esta noche —dijo finalmente. Nyx soltó una carcajada sarcástica. —¿De verdad crees que puedes ordenarme eso? —preguntó con una sonrisa llena de ironía. Aleksei la miró por encima del vaso antes de llevarlo a sus labios, su mirada tan intensa como antes. —Es una orden —vociferó sin más. Y mientras Nyx lo observaba, con el pecho aún subiendo y bajando por la mezcla de rabia y algo más oscuro, supo que, a pesar de todo, eso estaba comenzando. Nyx no podía creer lo que estaba sucediendo. Cada palabra de Aleksei la hacía sentirse atrapada, como si estuviera acorralada por una bestia que disfrutaba jugando con su presa. —No puedo quedarme aquí —dijo, tratando de mantener la calma a pesar de la furia que se agitaba en su interior—. Mi padre se dará cuenta si no regreso. Él vendrá a buscarme. Las palabras cayeron al aire entre ellos. Aleksei la miró con una lentitud peligrosa, sus labios curvándose en una sonrisa que no llegó a sus ojos. —Que te busque —murmuró, avanzando hacia ella—. Que te busque toda la maldita mafia si quiere. Me importa una mierda —Su tono era helado, final, como si sus palabras fueran la ley en ese momento. Antes de que Nyx pudiera reaccionar, Aleksei la tomó por la nuca con una mano firme, su pulgar rozando su mandíbula mientras la acercaba bruscamente a su cuerpo. La fuerza de su agarre era implacable, la forma en que la controlaba, calculada. Nyx sintió su corazón acelerarse, pero no por miedo, sino por la intensidad del momento. La mirada de Aleksei era penetrante, aquellos ojos ambar que siempre parecían leer sus pensamientos, ahora ardiendo con una mezcla de posesión y furia contenida. —No eres más que una niña caprichosa —susurró él, con su aliento cálido en su oído mientras la mantenía cerca de su pecho—. Y ya es hora de que entiendas quién manda aquí. Nyx sintió su ira encenderse. ¿Quién demonios se creía ese bastardo? Sus manos temblaron de rabia por un segundo, pero pronto, su cuerpo reaccionó antes de que su mente pudiera detenerse. Con un movimiento rápido, sacó la navaja que siempre llevaba consigo, deslizándola hasta el cuello de Aleksei. La hoja brilló a la luz de la habitación, y el filo rozó su piel, justo debajo de su mandíbula. El silencio en el penthouse fue absoluto. Los hombres de Aleksei, que hasta ese momento se habían mantenido al margen, reaccionaron casi de inmediato. En un abrir y cerrar de ojos, sacaron sus armas, apuntando directamente a Nyx. Ella no se inmutó, mantuvo su postura firme, la navaja aún presionando el cuello de Aleksei, mientras el sonido metálico de las pistolas se escuchaba alrededor de ella. —¿Qué demonios están haciendo? —Aleksei levantó la voz, su tono bajo pero cargado de furia, sin apartar la mirada de Nyx. Sus hombres vacilaron, confundidos, pero no bajaron las armas. —Bajen sus malditas armas ahora mismo —ordenó, con una fuerza que no admitía discusión. Los guardaespaldas intercambiaron miradas antes de bajar lentamente las armas. Nyx mantenía la navaja en su lugar, la hoja temblando ligeramente contra la piel de Aleksei, mientras su mirada esmeralda se clavaba en la de él. No había retroceso en su mirada, ni el más mínimo indicio de miedo. —¿Qué crees que vas a hacer con eso? —preguntó Aleksei, su tono bajo y peligroso, mientras su sonrisa volvía a formarse, lenta y arrogante—. ¿Deseas matarme? Hazlo. El reto en sus palabras hizo que el pulso de Nyx latiera aún más rápido. A pesar de su postura desafiante, la cercanía entre ellos era intoxicante. Aleksei no solo estaba cerca físicamente; estaba invadiendo cada uno de sus sentidos, obligándola a reconocer la tensión electrizante que los rodeaba. El peso de sus cuerpos juntos, el calor que irradiaban. —No me retes —espetó Nyx, apretando los dientes mientras sus ojos chispeaban de furia—. Porque puedo hacerlo —advirtió sin basilar. Aleksei inclinó la cabeza ligeramente, la presión de la navaja aumentando contra su cuello, pero no se movió. De hecho, parecía más interesado, como si el peligro lo alimentara. —Ya obozháyu híshnits (Me gustan las fieras) —murmuró en ruso, sus palabras suaves y provocadoras—. Me gusta verte así... Luchando —siseó pegandose más a su pequeño cuerpo. La voz de Aleksei resonó en su cabeza, Nyx no respondió. Su cuerpo estaba tenso, la navaja en su mano, pero era como si una fuerza invisible la anclara en el lugar. La tensión entre ellos había alcanzado un punto tan alto que, en ese momento, cualquier movimiento parecía una detonación inminente. Aleksei presionó con su mano su cadera y ella pudo sentir el bulto duro de su erección contra su abdomen. Su amenaza parecía excitarlo. Entonces, uno de los hombres de Aleksei recibió una llamada. El sonido del teléfono rompió el silencio, y Nyx aprovechó el momento para dar un paso atrás, alejándose de él. Aleksei no movió ni un músculo, su mirada se mantuvo fija en ella mientras se llevaba una mano al cuello donde la navaja había dejado una fina línea roja. —¿Qué pasa? —preguntó Aleksei, sin dejar de observar a Nyx. El hombre respondió en ruso, sus palabras rápidas y urgentes. La expresión de Aleksei cambió. Se tensó por un breve segundo, y luego, la máscara de calma volvió a caer sobre su rostro. Algo había pasado. —Llévenla de vuelta a su casa —ordenó Aleksei de repente, su tono frío pero decidido. Nyx parpadeó, sorprendida por el cambio repentino. Aleksei no explicó nada, simplemente giró hacia la ventana. Los hombres de Aleksei se acercaron a ella con cautela, sabiendo que cualquier movimiento en falso podría desencadenar otra situación tensa. —¿Qué pasó? —preguntó Nyx, extrañada. Aleksei no la miró, pero su tono fue cortante. —No es tu problema. —Su voz era dura, como si su presencia ahora fuera un estorbo en sus planes. Nyx lo miró con desconfianza, pero decidió no insistir. Los guardaespaldas la escoltaron hacia la puerta del penthouse, y mientras salía, su mirada se cruzó una vez más con la de Aleksei. Esa misma intensidad, esa misma tensión seguía ahí, aunque ahora había una distancia física entre ellos. Pero incluso mientras la llevaban fuera, podía sentir que algo había cambiado. Algo más oscuro se estaba gestando entre ellos, y aunque ambos se resistían a reconocerlo, era innegable. Mientras el ascensor descendía, Nyx no pudo evitar tocar el bolsillo donde había guardado la navaja. La tensión no había desaparecido. De hecho, sentía que aquello solo era el comienzo de algo mucho más profundo. . . . NOTA DE AUTOR: Por razones personales el siguiente capítulo será el miércoles comenzaremos diario, con maratón el sábado
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