Intentando mantener la calma, Nyx decidió probar suerte. Respiró hondo y lo llamó con cautela. —Boris. El perro no reaccionó. Sus ojos permanecieron fijos en ella, sin moverse un centímetro. El aire a su alrededor parecía volverse más denso, y Nyx no sabía si acercarse o quedarse quieta. El perro estaba bloqueando la única salida, y aunque no parecía agresivo, tampoco estaba segura de lo que haría si ella trataba de avanzar. Nyx se debatía internamente. ¿Qué tan imprudente sería intentar moverse? Decidió que la mejor opción era intentar algo diferente. Recordó que Aleksei hablaba en ruso con Boris, y, quizás, si ella hacía lo mismo, podría ganarse su confianza. Con un poco de vacilación, Nyx habló en ruso por primera vez desde que llegó a la mansión. —Boris, ti znáyesh kto ya? (Boris,

