—¡Cállate! —rugió Nikolai—. Me quedaré con todo... tus negocios, tus aliados... y tu maldita Bratva. Y cuando Aleksei lo vea todo arder... cuando se arrodille ante mí... lo haré mirar mientras e quito todo lo que a mí me negaste. Con un giro despiadado, Nikolai sacó el cuchillo, dejando una herida profunda que comenzó a derramar sangre oscura. Sergei jadeó, pero aún se mantuvo desafiante, negándose a dar a su hijo la satisfacción de verlo débil. Nikolai respiraba con dificultad, completamente poseído por la rabia y el odio insano que lo carcomía desde dentro. Sujetó el rostro de su padre con fuerza y acercó el cuchillo a su garganta, dejando que la hoja fría acariciara su piel por última vez. —Este es el final, viejo... —susurró con una calma siniestra—. El último capítulo de tu patétic

